RELATOS

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Todo mal, abuela

In Cosas que pasan on noviembre 7, 2006 at 3:22 am

Mi abuela está viendo Karate Kid 4. Son las 2.47 de la mañana y mi abuela está viendo Karate Kid 4 a todo volumen. Las enseñanzas del señor Miyagi llegan hasta mi casa, atravesando el patio y espantando a los gatos que cogían en el techo. En la cocina las luces están apagadas. Sólo veo, desde mi casa, el resplandor de la tele encendida y la silueta de mi abuela sentada en la mecedora. Viendo Karate Kid 4 a las 2.49 de la mañana. Tiene el control remoto en la mano y una manta le cubre los hombros. La mano que tiene el control remoto no está apoyada sobre la mesa y parece que está a punto de cambiar de canal, pero son las 2.50 y ella sigue mirando Karate Kid 4. Me despertó, claro. Me asomé y la vi, una sombra extraña en el resplandor de la tele. No hay nadie con ella. Tía duerme, abuelo probablemente también. Son todos sordos. Julie Pierce debe aprender a confiar en su karate. El señor Miyagi sabe que ella llegará lejos. El machista coronel Dugan, en cambio, cree que las artes marciales no son para las niñas. El resto de la casa está a oscuras. Son las 2.55. Mi abuela ve Karate Kid 4 por I.Sat. No apoya el brazo en ninguna parte. El viento hace temblar las ramas de los naranjos y un sonido extraño se deja oír entre las quejas de Julie. A veinte metros de la tele, recién caigo en que la chica es Hilary Swank. No importa. Quisiera ir a abrazar a mi abuela. Salgo de casa y atravieso el patio. Giro la llave de la puerta de la cocina con cuidado, tratando de equilibrar entre no hacer demasiado ruido y hacer el suficiente como para que mi abuela no crea que se trata de un ladrón. Abro la puerta. Mi abuela no se da vuelta, está absorta, viendo, a todo volumen, Karate Kid 4. No me animo a prender la luz. El leve resplandor del televisor la ilumina de frente, pero yo estoy a sus espaldas. Hago a propósito mucho ruido con la puerta, pero no pasa nada. Su mano sigue tensa, sosteniendo el control remoto. Me acerco despacio. Estoy a tres metros. Son las 3.02. Me detengo. Mi abuela no se da vuelta.

Y ahí siento el miedo.