RELATOS

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In Uncategorized on mayo 19, 2010 at 6:25 pm

Terranova me invitó a participar en su hermoso sitio de entrevistas.

¿Qué es lo mejor de trabajar en La voz del Interior?
Que las editoriales te mandan libros gratis. Y que Demián Orosz hace los mejores chistes que se puedan escuchar en una redacción.
¿Por qué dejó de salir el suplemento cultural?
Es una misteriosa decisión empresarial. Mi versión de los hechos es que cuando pensaron en el rediseño del diario simplemente se olvidaron del suplemento cultural, como una familia que se muda y se olvida un mueble. O como un velorio en el que se olvidan del muerto.
El resto, aquí.
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Che Culiau’

In Uncategorized on mayo 10, 2010 at 8:57 pm

Esta nota salió publicada el domingo 9 de mayo en La Voz del Interior.

Todas las calles del centro tienen nombres de obispos, el otoño es cruelmente frío y en una de las últimas cuadras de la ciudad vive la familia Moli. En Villa del Rosario la gente habla rápido, con una ligera tendencia a aplastar las eses contra los dientes. Hay bares muy parecidos entre sí, con esa clase de mesas y sillas que parecen no haber sido nuevas nunca. En esas sillas se sientan hombres que prefieren el vino con soda, algún juego de naipes, la tele prendida para que haga ruido. Se concentran en la mano de cartas, de vez en cuando se ríen de algo, sin demasiado estruendo. Hasta que en la pantalla aparece Fabio Moli hablando con Jorge Rial y uno dice, medio de relajo: “miralo vo’ a ese culiau”.

La casa de los Moli está en un barrio humilde del pueblo y no se destaca demasiado. Bajo el techo construido por las mismas manos del boxeador vive “La Negra”, primera novia y esposa de “La Mole”, y cuatro de sus cinco hijos. La mayor, que ya tiene un hijo propio, vive a pocas cuadras. No les gusta salir en fotos, y reciben a la prensa con una mezcla de extrañamiento y cansancio, con amabilidad, claro, pero también con un recato particular. No es recelo: la familia no expone su intimidad, pero es más por no considerarla demasiado interesante que por algún tipo de prurito de privacidad. Ya están acostumbrados a que el padre aparezca en los medios, y aunque ahora la escala de esa exposición se haya multiplicado, la cosa sigue siendo más o menos igual: “sigue siendo el viejo… ese viejo culiau”.

En el bar tampoco hablan mucho de Moli. Ninguno niega el cariño, dan por sentado que está todo bien. Pero hay algo como de resignación en el tono. Como si al mismo tiempo que dijeran que lo quieren, estuvieran admitiendo que lo disculpan. Sucede que La Mole tiene un vasto prontuario de “moquero”, un legajo de descontroles de juventud que pone al pueblo ante una disyuntiva: quererlo por lo que es desde hace poco más de 10 años, o preferirlo lejos por todo lo que Moli fue hasta que dejó el alcohol. La balanza se resuelve para el lado de juntarse todos a verlo bailar, reírse un poco de la situación y seguir la vida, ver qué viene en la próxima mano de cartas y hacerle señas al mozo para que renueve la soda. “Uno lo va a querer siempre, porque es de la Villa… porque uno lo ha visto crecer a ese culiau”.

Lo contrario del eufemismo
¿Hablan todos como él, o cuando hablan de él se adaptan a ese registro insistente en el uso del “culiau”? Como una especie de epidemia simpática, la palabra más cordobesa del diccionario del insulto se esparce ahora por la televisión y por los videos de YouTube con más benevolencia que escándalo, con esa simpatía especial que despierta el lenguaje atolondrado del boxeador, su capacidad particular para encontrar lo contrario de un eufemismo cada vez que habla. Fabio Moli acierta, cada vez que quiere decir algo, con la manera más escatológica posible de decirlo: no tiene miedo de volar, se “baña en bosta” cada vez que se sube a un avión, no dice que es un hombre fiel, dice “ninguna cajeta me va a sacar de la cabeza a mi negra”.

La Negra, mientras tanto, lo mira por la tele a un volumen atronador.

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