RELATOS

Belleza y pesadilla

In Uncategorized on octubre 8, 2009 at 2:26 pm

Sobre “Coraline”, de Neil Gaiman (Editorial Salamandra, Barcelona, 2009, 155 páginas. Precio: $ 39).
Al pasar por una extraña puerta una niña llega a una casa similar a la suya, con una versión ligeramente modificada de sus propios padres, llamativamente más atentos que los reales, mejores cocineros, y con botones en lugar de ojos. Y con un deseo oscurísimo: robar el alma de Coraline.

Es probable que hayas visto la película y es probable que, como muchos adultos, te hayas quedado perplejo ante la espiral de terror que el filme propone a su audiencia infantil. Bueno, con el libro esa sensación puede aumentar, intensificarse y transformarse en una pequeña pasión. Y todo eso sin las concesiones que suelen pedir los libros para chicos, y ni siquiera –lo que termina de convertir a Coraline en una maravilla– las concesiones que suelen pedir los libros de terror.

El libro de Neil Gaiman acaba de ser publicado en la Argentina –aunque la versión original en inglés es de 2002 y la traducción española tiene ya más de seis años– por el sello Salamandra. El autor es una celebridad pop en el mundo anglófono, una especie de Rey Midas que transforma en oro todo lo que toca: el cómic Sandman, la novela (llevada al cine) Stardust, y ahora esta auténtica joya que demuestra que escribir para niños no requiere ni condescendencia ni ese tono ligeramente estúpido que suelen adoptar los libros para chicos con la excusa de que deben ser entendidos.

Gaiman parece haberse despojado de cualquier limitación y haber escrito bajo el impulso de una libertad alucinante y alucinógena, y logra crear un mundo de fantasía lo suficientemente inquietante como para que tengamos la sensación de que la monstruosidad que describe no puede no ser real.

Hombres grises. Cuenta la leyenda que el personaje y el libro se iban a llamar originalmente “Caroline”, pero un error de tipeo del autor cambió los planes. Coraline se empecina en corregir a sus amigos (los vecinos del edificio) cuando la llaman Caroline, y esa situación se vuelve especialmente tensa. Los personajes que la rodean en uno y otro mundo son grises, desesperadamente grises, y en una primera instancia la niña duda en cuál de esos universos querría vivir, pero –y aquí Coraline se vuelve una perversión encantadora de Alicia en el país de las maravillas– la duda no reside en cuál de los mundos es mejor, sino cuál de ellos es menos peor.

Del otro lado de la puerta las comidas son más sabrosas y el amor se expresa de acuerdo a cánones tradicionales: ¿cómo podría Coraline dudar de que la bruja que hace el papel de madre paralela la quiere? Hacia la mitad de la novela llega una verdadera genialidad: “Era cierto, la otra madre la quería. Pero la quería igual que un avaro ama su dinero o un dragón su tesoro. En los ojos de botones de la otra madre sólo había afán de posesión, y Coraline sabía que la veía como un cachorrito consentido que pronto deja de tener gracia”.

Si te parece que Gaiman te disfrazó de aventura infantil un viaje dark por tus propias miserias, va a ser difícil encontrar un dato que te contradiga. La otra madre hace un esfuerzo sobrenatural por seducir a Coraline y lograr que la niña se quede a vivir en su mundo. Una de sus criaturas le promete a la niña: “Si te quedas, tendrás todo lo que desees”.

Coraline suspira y te da una lección: “Realmente no lo entiendes, ¿verdad? No quiero tener todo lo que deseo. nadie lo quiere, no de verdad. ¿Dónde estaría la gracia si tuviese todo lo que quiero? Es eso y nada más, ¿y después qué?”.

Sin clichés. A pesar de ser una obra maestra de dos géneros construidos sobre la base de insistente clichés (la literatura para chicos, por un lado, y la literatura de terror, por el otro), Coraline esquiva una y otra vez los lugares conocidos y no cede a la presión de lo común ni siquiera en el final. Con el espejo omnipresente de la Alicia de Lewis Carroll, pero con la audacia de llevar las cosas a un territorio espeluznante y retorcido, Gaiman construye una pesadilla hermosa, un sueño un tanto angustiante pero también tan asombroso que no queremos que termine.

Entre persecuciones tenebrosas, personajes que adoptan formas monstruosas y una terrible aventura de liberación, Coraline se da lujo de ser un libro perfecto, una de esas maravillas que uno puede no puede dejar de leer.

Y tiene una cualidad especial: no importa a qué hora empieces a leer este libro. Cuando termines, siempre será de noche.

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