RELATOS

Amor y resistencia

In Uncategorized on octubre 8, 2009 at 2:22 pm

Sobre “De A para X”, de John Berger.

Lo que tenemos para hablar del amor es el lenguaje, un idioma siempre insuficiente que nos deja insatisfechos o exagerados, que parece destruir la idea en su manía de reproducción. ¿Cómo se explican algunas cosas extraordinarias si sólo tenemos palabras ordinarias? En la última novela de John Berger, De A para X, el problema del lenguaje insuficiente se vuelve central: se trata de cartas enviadas por una mujer, A’ida, a su enamorado, Xavier, quien cumple una doble cadena perpetua por cargos vagamente asociados al terrorismo. La novela está escrita como si Berger pudiera prescindir del lenguaje o transformarlo en otra materia, ésta sí más efectiva, como la masa de un pan de cereales horneado en casa, o como si sus palabras lograran el milagro de la arcilla o el barro.

Una precisión exquisita y un compromiso innegociable con la humanidad de sus personajes le permiten describir y crear una intimidad que ningún otro escritor contemporáneo logra con sus lectores: un tipo de intimidad que no nos obliga a perdernos en la novela o a vivirla como un mundo aparte de este mundo, sino que nos mantiene permanentemente con un ojo o los dos puestos en la miseria y la injusticia con las que convivimos, y al mismo tiempo nos permite vivir la experiencia de la belleza y de algunas sensaciones tan iluminadoras como abrumadoras y necesarias.

El juego de Berger es, en este caso, con las formas: nos quiere convencer de que encontró las cartas en la cárcel de un pueblo extraño, y de que incluyó las anotaciones de Xavier en el dorso de esos papeles un tanto desesperados. Hay allí anotaciones sobre Bolivia, Venezuela, las papeleras uruguayas, Medio Oriente… y sin embargo ese llamado constante a la lucidez en torno del desastre mundial no se contradice con el contenido amoroso de las cartas: amor y resistencia no están, aquí, en conflicto. El amor, en última instancia, es una clave de supervivencia y de supremo compromiso de estar en el mundo: A’ida encuentra en la descripción de su cotidianidad una manera de estar con su chico, y describe detalles mínimos, pequeñas circunstancias que guardan la fuerza de un símbolo perfecto, más allá de las limitaciones de un lenguaje incapaz de dar cuenta de las dimensiones de ese afecto. No sabemos nada de ellos, ni dónde viven, ni dónde están: sus enemigos podrían ser cualquiera de los enemigos que tenemos todos: la injusticia, la opresión, el imperialismo, el avance del mercado por encima de los hombres. Sin embargo, no son una generalización ni una figura políticamente aplicable a cualquier lucha más o menos justa: para Berger cada hombre es único, irrepetible, como para A’ida no hay otro hombre como Xavier, aún a pesar de que todos estamos hechos de la misma materia. A’ida cuida de ese Xavier único, en sus cartas, en su lenguaje a veces cifrado: hay en ese cuidado un concepto del amor y de la resistencia que, como lo que podemos decir con el pan y con las manos, excede todo lenguaje y llega allí donde las palabras no pueden llegar, allí donde reside también la dignidad de las cosas que hacemos por vivir en un mundo apenas mejor.

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