RELATOS

Nubes (uno)

In Nube, Relatos on noviembre 14, 2008 at 1:01 pm

 

 

 

Después de la tercera nube que le parecía tener la forma exacta del rostro de Celeste Cid decidió formar un grupo, una asociación, una sociedad civil de admiradores de nubes. No le parecía una mala idea, y en ciertas ocasiones juntaba los argumentos necesarios para considerarla genial, acaso la idea más valiosa que había tenidos en su vida. Pero no sabía cómo comunicarla. 

Germán estaba convencido de que las nubes recibían un trato injusto en la vida intelectual del planeta, que no eran materia de estudio, ni de las ciencias humanas, a las que a él le gustaría suscribir si no le resultaran tan distantes de la verdad divina, ni de las exactas –que a sus ojos rechazaban aún más lo indiscutible-. Como a su fe, nadie parecía tomar demasiado en serio el asunto de las nubes, ni estudiar con detenimiento por qué tipo de casualidad o acción divina él había visto en un mismo día tres nubes con la forma exacta, como un simulcop etéreo, de la cara de Celeste Cid. 

Puso un aviso en el diario, fue lo primero que se le ocurrió tras pensar varias semanas en cómo se funda un club. “¿Te gusta mirar las nubes? Unite al Club de Espectadores de Nubes de Córdoba”. La primera semana no obtuvo respuestas, porque se había olvidado de incluir en el aviso cualquier otra referencia. Ni una dirección de e-mail ni un teléfono. Al principio maldijo su torpeza, pero después concentró su bronca en la empleada de la receptoría del diario, que no sólo había trazado levemente una sonrisa displicente al leer su aviso, sino que además –evidentemente de manera voluntaria- no le había advertido semejante falta. 

Cambió de receptoría y pagó por un aviso más completo, con la dirección de su casa. También invirtió en una placa que puso junto a la puerta, un trozo de metal reluciente que decía en letras de palo seco “Club de Espectadores de Nubes de Córdoba”. Llamó al periódico católico y les propuso que le hicieran una entrevista, a pesar de que por ahora el club contaba con un solo integrante. Del otro lado del teléfono anotaron con interés todos los datos, pero no le dieron precisiones sobre la fecha de la posible entrevista. 

La falta de respuesta no lo desalentaba: por primera vez en su vida estaba comprometido con un proyecto más allá de la marmolería, y la idea de un grupo de gente desconocida que lo sacara de su rutina de inscripción de lápidas era el equivalente emocional a una celebración de año nuevo. Cambió los muebles del living de la casa, compró sillones más amplios y de tapizados que a cualquier persona que no admirase el diseño caótico de las nubes podrían resultarle repulsivos. Le pareció un gesto amable colgar, en la pared opuesta a la enorme reproducción brillante de La última cena, un retrato de celeste Cid que le hizo dibujar a uno de esos artistas callejeros que dibujan con los pies. De alguna manera todos esos preparativos cambiaron el foco de sus preocupaciones, y por un tiempo que le resultó novedoso y desafiante, dejó de sentirse un hombre solo, o mejor dicho, dejó de sentir que su única compañía era dios. 

El día que sonó el timbre Germán estaba vestido para recibir visitas, al igual que todos los días desde que había publicado el primer aviso. Cuando abrió la puerta tuvo la impresión de contemplar un milagro o una estatua divina, una duplicado diligente de sus sueños prohibidos, la mujer más bella que él hubiera visto fuera del mundo de las nubes. 

-Odio los cielos azules- dijo Melina – Me resultan aburridos y monótonos.

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  1. ¿nubes con formas de celeste cid?
    ¿vuelve de a poquito la piedra en el zapato?

  2. Existe un libro que se llama “El observador de nubes”
    y habla justamente de una agrupación que tiene seguidores en todo el mundo,observan las nubes, las clasifican, se intercambian fotos, etc.
    un abrazo
    mariela

  3. cómo transformar un domingo sin onda en un domingo con onda?

    Leé a Emanuel Rodríguez toda la tarde.

    Fácil.

  4. (y por la noche, después del partido con los muchachos, fijate si no hay algo nuevo en las últimas cuatro horas)

    (y al sobre)

    (un abrazo, papá!)

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