RELATOS

Amarillo XV (FINAL)

In Amarillo, Relatos on noviembre 8, 2008 at 8:33 pm

La dueña del bar tenía un sentido cruel de la autoridad, pero Mora podía soportarlo, se sentía bañada en un aceite que hacía que todo resbalara por su cuerpo. Se sentía impermeable, y dejaba que Pilar le levantase la voz mucho más allá de lo que siempre había permitido a cualquier persona. No le importaba. No la escuchaba. Cumplía algunas órdenes con una eficiencia aceptable. Acaso era eso lo que necesitaba, un tiempo como de muerte cerebral en Madrid, bajo las órdenes de una mujer insoportable, formar parte de la ciudad del mismo modo que esos hombres que nunca miran a los ojos y que se parecen a estatuas inquietas, o palomas, y sin tener que pensar en nada. Pero a Mora le costaba cada vez más trabajo no pensar en nada, y en los instantes de silencio su cabeza se llenaba de voces, una música descentrada y aterradora, ruidos parecidos a un concierto de músicos epilépticos. Se entregó entonces a un ejercicio que al principio le pareció absurdo, pero que se reveló interesante e inquietante. Escribía casi todo lo que creía oír. Palabras sueltas, frases sacadas de contexto, recuerdos de oraciones incompletas. Frases que había subrayado en un libro de cuentos que había leído por recomendación de Omar. El nombre de Omar. Las mismas letras de su nombre, su nombre de ciudad europea. ¿Debía ir a Roma, entonces, cerrar un círculo ridículo con un viaje aun más ridículo? Pero no. El pensamiento de un destino al que someterse le parecía tan tranquilizador como revulsivo, una especie de respuesta fácil o previsible, lo contrario de una elección ante la arbitrariedad de sus días. 

Anotó en una libretita moleskine los eventos posibles: ¿respondería a lo que la reclama? ¿Seguiría la mecánica conocida de volver a Córdoba ante cada muerte? Marta ya sería sólo cenizas, era cierto, pero igual era una muerte que la reclamaba, que le exigía en alguna parte de su cabeza tomar un avión y volver a Córdoba. Caminar por Villa Allende, ver nuevamente la casa de Marta. 

Pero Córdoba era Omar y Omar era un mundo conocido. Niels también lo era. A veces le gustaría poder vivir con los dos, de viaje, como amantes nómades o reyes magos que de vez en cuando se detienen a coger. Niels y Omar eran posibilidades fuertes: si era cierto lo que cada uno le había escrito, ambos eran un destino, un lugar al que podría ir si se cansara de sus posibilidades tan tenues, de sus días caprichosos. Pero esa idea no encajaba. No se había ido a Madrid por no poder elegir entre Niels u Omar. Ni siquiera se había mudado a Madrid por alguna clase de impotencia ante la imposibilidad de convertir a Niels y a Omar en una misma persona a quien amar con la preocupación escrupulosa y maternal y casi ausente de carnalidad que sentía hacia uno, y la ferocidad y el afán con los que había construido su amor por el otro. 

Había elegido otra cosa, y esa otra cosa era desconocida, nueva, peligrosa. Esa otra cosa era una ciudad horrible y un destino incierto. Se sintió renovada por esa conclusión pero los gritos de Pilar la devolvieron a la realidad con la violencia de un parto en un taxi. En los insultos desmedidos de Pilar se mezcló la sugerencia de volver a la Argentina y Mora contuvo el impulso de gritar una respuesta. Pensó que no lo necesitaba, pero mientras lavaba la vajilla se vio de nuevo envuelta en la absurda matemática de sus especulaciones. Para escapar, se puso a contar cada segundo. Pensar en números era su muerte cerebral. Un número tras otro. Una actividad inútil pero infinita. Llegó a 246 y sonrió. Recordó el regalo de Omar. 

 

Los hombres son tan recargados y dramáticos. ¿Qué haría, realmente, Omar, por pasar conmigo la hora 247? ¿Viajaría a Madrid, por ejemplo? ¿Y si no fuera yo la que tiene que volver? Si Omar pudiera viajar a Madrid viviríamos juntos un tiempo, yo le mostraría las partes de la ciudad que llegué a conocer en un año, lo llevaría a ver películas viejas o a bailar con los gays en la Goa. Con el tiempo nos preguntaríamos si deberíamos casarnos, para facilitar su estadía en Europa. Probablemente lo haríamos, los papeles ya no dicen nada. Pero más adelante habría que tomar de nuevo otra decisión. La de ponernos o no en una situación de ser adultos. No quiero tener hijos, pero Omar es un sembrador. Volveríamos a enamorarnos de otras personas, tal vez incluso nos permitiríamos engañarnos, silenciosa, discretamente, como quien le da permiso a una viuda para que llegue al ataúd de su marido. Tendríamos una vida de costumbres, de rutinas. Nos conoceríamos los olores cotidianos y sabríamos esperar con cierta alegría el cumplimiento de las más triviales previsiones. Sería una vida feliz. Pero ¿y si no es felicidad lo que buscamos? ¿Por qué habría de cerrar la puerta de esa posibilidad tan tenue pero tan distinta? 

 

Mora terminó de lavar la vajilla y salió del bar. Renunció sin escándalo. Caminó por las calles como quien atraviesa un campo en el que ha habido una batalla, y entre el ruido interminable de los autos escuchó una tormenta. Sintió los vientos encontrados, opuestos, chocar y convertirse en un aire nuevo, en una corriente de dirección inesperada.

 

FIN

Anuncios
  1. Como varios, soy un lector silencioso, de los que no comentan. Hoy no pude pasar de largo, no se si es porque es sábado a la noche, o porque con talleres se sufre con lagrimas de emoción en los ojos, o simplemente porque ya era una necesidad decirlo: lo que escribís, la verdad, es un paréntesis en la rutina obligada de la vida. Gracias! Un abrazo grande.

  2. “¿y si no es felicidad lo que buscamos?”
    Q buena pregunta, che!
    Me recuerda a una de Spinoza: ¿por qué los hombres luchan por su esclavitud como si se tratara de su salvación?
    Se ve q nuestras pasiones a veces nos llevan x caminos inverosímiles…

  3. Gracias Juan Pablo. Muchas gracias. Ayer talleres me demostró por qué es imposible que dios exista: si hubiera un ser todopoderoso, no podría permitir semejante sufrimiento.

    Gala: qué buen comentario, che. Nunca escribí nada tan largo, no sirvo para eso, pero tenía esa pregunta en el comienzo del cuento y no sabía cómo hacer para llegar a ella. Por eso el cuento terminó siendo tan largo. Me alegra que la hayas rescatado (a la frase).

    Gracias a todos (como dice el amigo Giordano) por la paciencia.

  4. Estuve esperando el final para comentar: me encantó. me mató. me encantó.

  5. no leí ninguno de estos textos, esperando que estén en la nueva diccionario y leerlos ahí. por cierto, ¿cuándo sale?, preguntando ya sin la presión molesta de la facultad y como lectora libre y feliz :)
    saludos emanuel.

  6. Laaargo pero liiiindo.
    Valió la pena.

    “¿y si no es felicidad lo que buscamos?”

    qué pregunta!!

  7. Es buena la pregunta, y es muy bueno que te haya llevado a escribir tantos capítulos para formularla. Ahora pregunto, ¿y que es lo que buscamos entonces? Las respuestas que me vienen a la mente podrían rotularse como tal, pero los rótulos nunca son buenos, dicen.

  8. Mora es Mara?
    vos sos Omar?
    el cuento no está mal, pero ¿no podés no ser autobiográfico?

  9. T.: Gracias.

    Guille: Dale.

    Emma: no lo sé… si lo supiera no escribiría nada más.

    Obvio: Mmmm… no. Definitivamente la respuesta a las tres preguntas es No. Gracias por pasar por acá.

  10. Epa, qué rápido respondiste. Se nota que Mora es Mara y vos no podés dejar de ser autobiográfico. ¿Te sentís muy solito?

  11. Otra vez, la respuesta es no.

  12. chabón, hoy me pasaron la última piedra en pdf.

    “keanureeves@hotmail.com” me desencajó la mandibula de la risa.

    a continuación, garroneo:
    copate con un pobre loco que está lejos de Rubén Libros y mandame más en pdf.

    un páis en medio oriente habitado por el ego de fantini ajajajajaaaaa!

    me voy a seguir leyendo. un abrazo.

    L.

  13. Bueno como todavía no se puede dejar comentarios en un pdf (aspecto que deberán tener en cuenta los señores de Adobe en sus reuniones semanales) tuve que volver a comentarte acá. Te dejo un saludo yo y otro en nombre de mi viejo, a quién le léi un par de cosas en voz alta y también se cagó de risa.

    L.

  14. Yo conozco a la verdadera Mora. Parece que le hubieras hecho una radiografía. “Obvio”, quedate tranquilo, no es quien vos crees.

  15. Y si Mora fuera Mara? si Ema fuera Omar? y si fuera autobiagráfico? No le quita belleza, ni sensualidad. Y le agrega la posibilidad de que quienes no creemos creer en el amor, empecemos a creer, al menos en el amor de terceros, reales o no.
    A veces ser obvio es mostrar la hilacha, el lado flaco. Ser obvios casi siempre es ser sinceros, mostrar el dolor o la envidia o lo que sea que no se quiera mostrar.

  16. Lucas, muchas gracias.
    Estamos armando una web de La Piedra que va a tener todo el archivo de la revista disponible.

    Gu. Gracias. ¿será quien vos creés?

    Sol. Esteee… no. Definitivamente no es Mara, y el modelo real de ese personaje, si existe, existe en mis sueños, o en Suiza. Lo de creer o no creer lo dejo en manos de Tonino Carotone. Gracias por la amabilidad.

  17. guau, me encantó.
    Me hice fan.

  18. emanuel: llegué acá por peinate.
    te mando mi respuesta en caliente porque decidí leer la historia completa antes de comentar.
    me gustó la idea pero me parecieron demasiado enroscados los hilos de la historia, como empecinado en que TODOS los personajes estubieran enredados; de momentos se me hizo un poco tedioso y previsible, pero quizás sea porque esta historia fue pensada para leer diariamente y yo la lei de un tirón.
    otra cosa el final abierto es un poco liviano, le falta fuerza, me dio la idea de que podía continuar la historia como si la hubieses cortado en cualquier punto.
    Mas alla de esos detalles me gustó muchisimo tu prosa, realmente se disfruta leyendote. Sin contar que me identifiqué demasiado con el personaje de Roma (acaso me has estado espiando?)
    No es mi intención ofenderte con mis comentarios sino darte el feedback sincero como lectora.
    eli

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: