RELATOS

Plan / 7

In Cosas que pasan, Plan, Relatos on marzo 4, 2008 at 3:45 pm

Cuando me di vuelta la reconocí: la canción de Aristimuño era la chica de mis sueños.
-Me pegó mal. Dos secas y me pegó mal.
-¿Qué pasó?
-Vi a Rocío.
-¿No vive en Londres?
-Si. Pero la vi. Sentí que me tocaba el hombro.
Mi amiga hace el recuento de mujeres de toda la noche y tiene razón: agregarle una imaginaria es demasiado. Pero Rocío sería perfecta para terminar la noche.
-Pero esta noche no es una noche perfecta. Solamente es larga.
El Novio viene solo hacia nosotros. Trae unos tragos largos. Mi amiga le ofrece de fumar y él acepta. El papel de arroz está manchado con un lapiz labial rojísimo y el Novio lo mira, hace una pausa, pone cara de que se le acaba de ocurrir una genialidad para seducir a mi amiga, pero después pone cara de que se la va a tener que reprimir, por el momento, y pita. Una noche perfecta, dice.
Mi amiga me aprieta el codo: en un idioma sencillo eso quiere decir que lo tiene. Y que me vaya. Agradezco el trago y voy hacia la que pone música. Quiero escuchar Maximo Park y ver qué pasa si empezamos todo de nuevo.
La que pone música es una chica diminuta, no más de un metro sesenta, tiene una especie de remera cuyo escote deja ver una parte de sus pechos como veletas. Me río porque sé que no me voy a contener y le digo que cuando se agacha se le ven las tetas. En el instante que precede a su respuesta me imagino que me va a preguntar si me gustan y me va a invitar a su casa a coger entre miles de discos, y que además en su casa sí va a poner música que me guste. Pero sólo se lleva la mano al escote y me mira de manera despiadada. Le pido perdón y le hago señas de que estoy ebrio, de que estoy en otro mundo, de que quiero que ponga Maximo park para bailar con la chica de mis sueños que vive en Londres y que no es, no es, no es Eugenia. No. Entonces miro la mesa de discos y veo uno de Aristimuño. No le pido que lo ponga: la fiesta está en su punto Calle 13. Sí le pido que me lo preste y voy hacia Eugenia. Interrumpo la conversación que tiene con su chico y le pregunto si escuchó esto, esto que tengo acá, esto que es una maravilla.
Eugenia me contesta que no y le digo que se lo voy a grabar. El chico me toca el hombro y le saco la mano. Nos miramos. Quiero decirle que recién se me apareció la chica de mis sueños y no era Eugenia, no, no. O pegarle. Tiene los ojos rojos de rabia. Yo también tengo los ojos rojos. Eugenia nos separa y cuando siento sus manos apretándome los brazos la recuerdo desnuda, hace menos de dos horas, en la pieza de arriba del bar, al borde la cama y al borde de las lágrimas. En mi cabeza una frase insiste en convencerme: si hay celos no hay onda.
-¿Me querés así o me invento una vida para que me quieras, una vida en la que no venga a las fiestas de tus amigos con un chico?
-No tenés que hacer nada para que te quiera.
-Vos tampoco.
Me voy con el disco hacia donde está la Novia, hablando con el de lentes. Me siento una bolita de flipper y se lo digo. Y le pregunto si escuchó este disco que tengo en la mano.
-No.
-Lo vas a escuchar dentro de un rato. Lo tengo en casa.
-¿Cómo hacemos con mi Novio?
-Yo tengo un plan.

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  1. Bien, Ema, bien. El plan se encamina. La bolita de flipper parece ir al blanco. Pero sólo de la manera que lo hace la buena literatura: ir al hueso pero por rodeos, pir círculos. Como un buen enganche que no va desesperado y vertical al arco. Se detien, vuelve, lateraliza. Y pum. Caundo la tribuna ya corrió la vista del hartazgo. Pum. Un pase teledirigido que deja al delantero frente a frente con el arquero. El escritor es un buen enganche. La definición es cosa del lector. Espero ser un Palermo, y no un Chiquito Jimenez.

  2. ” …ninguna estrella nueva me guiara por mi…si piensas volver…”

    Y sino, retire el último ladrillo que sostiene la construcción, algunas veces el dolor de un hogar desmoronandose sobre uno, tiene ese gusto a pan casero con manteca derretida arriba en una mañana de campo.

  3. The masterplan.
    Ema, lo de ustedes si que lo es.

  4. Bien ahi, Pinchilon, las canciones de Aristimuño siempre son un buen plan.

  5. “-Lo vas a escuchar dentro de un rato. Lo tengo en casa.”

    Maestro.

  6. Javi: gracias, man. Yo espero ser al menos un Cachi Zelaya.

    Nt: cho!

    ellatodolosabe: sádico… lo tuyo es sádico. Brindo por eso.

    Nico: bueno pero ¿adónde?

    Vic: tendrían que haber puesto Oasis en esa fiesta, sí señorita.

    Martín: Mérito del español.

    Marroncito: Es que a mí me encantaría ser yo.

    Verónica: abrazo y gracias.

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