RELATOS

La T

In La piedra en el zapato on febrero 19, 2008 at 12:12 pm

El sábado talleres volvió a ganar y me acordé de los mejores tiempos, cuando jugaba en primera, yo tenía novia y mi novia me quería. Encontré un texto que publicqué en 2004, en La Intemperie, cuando La Piedra en el Zapato salía adentro de esa revista.

Una experiencia religiosa

En un mismo y caluroso fin de semana fui a ver La pasión de Cristo y Talleres vs Vélez. Adivine –rápido- en cuál de los dos espectáculos presencié una manifestación de Dios. Adivine luego entre los espectadores de cuál de los dos eventos me sentí ajeno, anacrónico, estúpido. Si más o menos se ha prendido de este juego inútil, adivine dónde me hallaba yo –si envuelto en olor a desodorante de ambiente, pochoclos que iban y venían, y mucha gente llorando; o si envuelto en olor a choripán, banderas que iban y venían y mucha gente llorando- cuando, de repente, un papelito solitario y alegórico revoloteó en el aire durante unos cinco minutos,  como una paloma, como una mariposa, mientras de fondo, atrás de ese vuelo sin ley, se cumplía lo que tanto había pedido, lo que tanto había incluido en mis desesperadas oraciones de victoria. Adivine luego, ya que estamos, cuál me pareció una película pelotuda y cuál un partidazo. Adivine, finalmente, en cuál me vi golpeado por una sensiblería barata, con todos los iconos de mi infancia y mi catequesis llamándome a la más pedorra de las empatías, al reconocimiento del más estulto de los maniqueísmos y a la culpa, la terrible culpa, de haber dejado sangrar a Jesús en mi nombre. Gracias a Dios, al otro día ganó Talleres. Una porrista azul y blanca de virginal belleza festejaba en medio del campo de juego, papelitos cubrían el cielo, Talleres estaba puntero del campeonato, la gran letra t de una de las banderas se parecía irónica y pertinentemente a una cruz.
En ambas ocasiones me vi sorprendido por mi actitud de lemming: si todos van, yo voy. También en ambas al sentarme me pregunté qué hacía allí. ¿No había visto a Talleres y a Jesús antes? ¿No había sentido ya que tenía que dejar eso? ¿No me había convencido de que creer en Talleres o en Jesús no me haría feliz, curiosamente porque a ambos –pensaba yo- los manejaban sendos grupos de oscuros mercaderes que se quedaban con mi plata? ¿No había decidido ya que el hecho de creer era un lugar común de las películas y las propagandas? Adivine cuál de los dos shows me convenció de que ya estaba yo en lo cierto, y cuál –con un gol que llegó tras una plegaria- hizo tambalear mi agnosticismo a la moda, mi distancia con la iglesia, mi vaso de pritty y mis ideas respecto de Dios.
De uno de los dos lugares me fui quejándome del espacio al pedo que le dieron al asunto en los diarios y en las tapas de las revistas: en contra o a favor, alimentaron mi imbécil ansia de asistir. En el otro, agarré esos diarios y esas revistas, los corté en pedazos de aproximadamente 5 centímetros de ancho por 5 de largo y los arrojé junto a millones de papelitos cuando Talleres salió a la cancha. Gritaba, saltaba, y veía cómo los múltiples fotogramas de la película se deshacían en una nube de serpentinas, y un poco me divertía al reconocer en el cielo, mientras el viento mantenía esos papeles mariposeando, partes del rostro sangrante de Jesús, partes rojas, ojos de mal actor mirando al cielo. ¿Sabrá Mel Gibson que una divertida consecuencia de la invasión mediática que propuso fue que su cara y la de Jesús quedarían luego en el piso del estadio, pisoteadas por una multitud que saltaba de alegría y de -¡ja!- pasión?
Hoy es lunes y necesito un poco creer en Dios. Cuando esta revista salga a la venta, se sabrá el resultado de Talleres-Boca, se sabrá cuánto dinero juntó La pasión de Cristo en su primera semana en cartelera y se sabrá también cuánta gente fue el domingo a la iglesia o a la cancha. Lo que no sabré es adónde me llevará la próxima moda: si al cine, si a la cancha, si al balcón de un famoso o si acaso nueva e irremediablemente más allá del escenario, me llevará a sentirme un pelotudo más cuando me de cuenta de que me podría haber gastado ese dinero en, no sé, una masajista. 

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  1. Estamos todos ilusionados, Ema. Aunque el arquero a veces nos colma de dudas, mas que de certezas….

  2. Casi una experiencia religiosa.

  3. Obvio que iba a comentar en esta entrada. Me iba a contener, pero me conmueve, es al pedo. También estaba en la cancha ese día. Fue de los que pisó los papelitos de la pasión. Qué culiado es el fútbol, tvía no entiendo por qué me pone tan bien y me amarga tanto otras veces. Hay buena delantera pana, en agosto lo vemos contra Velez de vuelta y pisamos papelitos de alguna otra novedad en tiritas. Abrazo.

  4. ahora también, ahora también !!

  5. Recién me entero de que tenías este Blog. Comencé a leer la Piedra allá por el 2001, cuando llegué a córdoba y la verdad que me pareció una generosa muestra de talento.. por eso y por todo lo que vino después, mis felicitaciones.
    Por cierto, desde ese entonces que me rompe las bolas que seas tan hincha de la T.

  6. Ema, yo tambien estuve en ese partido, talleres gano uno a cero y recuerdo que la cancha estaba hasta las pelotas… muy lindo momento.

  7. encima de vulgar sos gallinon!

  8. yo antes me drogaba
    un dia lei la piedra en zapato
    y puedo decir q
    me sigo drogando
    pero
    en nada cambia mi amor
    por la revista
    desde el primer dia q la vi
    y quiero conseguir
    todos los numeros siguienetes
    a losositos cariñosos
    van a ver a los redondos
    como hago?

    felicitacione

  9. Talleres 1 – Vélez 0, Primera División, El Negro Lopez, el Negro Píriz Alves, De Bruno, Chicho Serna, la Promoción, el descenso, la tristeza, snif

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