RELATOS

Barbie

In Relatos on diciembre 8, 2007 at 8:45 am

Fue la primera navidad después de la muerte de Matías.
Las navidades celebran el nacimiento de un niño.
Matías había muerto ese año, el segundo día de clases del jardín de cuatro. Un auto. Demasiado rápido: la maestra no alcanzó a ver que Matías se salía de la fila, bajaba de la vereda, y caminaba hacia un perrito que estaba del otro lado de la calle. El conductor clavó los frenos, las ruedas chillaron sobre el asfalto, un ruido infernal, agudo, la música de lo inevitable: Matías no lo vio venir, su cuerpo quedó tendido en la calle, rodeado de sangre, un cuadro horroroso y al mismo tiempo inquietantemente bello.
Fue la primera navidad después de la muerte de Matías.
La mamá de Matías no tenía ganas de usar los manteles colorados, ni de adornar el arbolito. El papá tampoco. La hermana de Matías había salido a vender costureros por el centro: volvió con 45 pesos, dos turrones y un pan dulce.
-Una señora no me compró nada pero me regaló todo esto.
-Ponelo en la mesa –le dijo el padre, sin entusiasmo.
-¿Sabe Papá Noel que el Mati no está?

 

El padre de Matías sabía que su hija le haría esa pregunta tarde o temprano, pero no había preparado una respuesta. Hizo silencio, estaba confundido.
-Si le deja un regalito me lo quedo yo.

La mamá de Matías ya había dejado de llorar la tragedia, pero no pudo contener las lágrimas.

-Papá Noel no existe, nena –dijo el padre, y sorprendió a las dos mujeres, que lo miraron con el mismo gesto de “¿qué decís?”.

El padre le explicó primero a su esposa: Ya tiene seis años. No es ninguna boluda.
La mamá miró a Mariela con compasión.

-Es una broma de papá, no te preocupes.
-No es ninguna broma. Papá Noel no existe.
-Pero…
-Nosotros somos los que te compramos los regalos. Y este año no hay regalo. Ni Papá Noel, ni regalo.

Fue la primera navidad después de la muerte de Matías.
Las navidades celebran un nacimiento.
Nadie está preparado para celebrar una muerte. La muerte de un niño.
Mariela se quedó en silencio.
-¿Me puedo quedar con la plata de los costurelos?
-No.
-Pero…
-No podés.

El papá de Mariela estaba molesto. Tenía que salir a trabajar hasta las once y media de la noche. Del supermercado tenía que venir a su casa, para la cena de navidad. No iba a hacer tiempo de llegar a las doce. Y lo esperaba una jornada extenuante.

-No puedo creer que justo vos le digas eso a la nena.
-¿Por qué?
-Porque trabajás haciéndoles creer a todos que sos Papá Noel, y a tu propia hija le decís que Papá Noel no existe.
-Es hora de que sepa. Para que no sufra cuando sea más grande.
-Sufre ahora.
-Ahora no se da cuenta.

Mariela no entendía nada. Pero sabía que tenía 40 pesos en la bolsita de los costureros. La mamá volvió a enchufar la plancha. Tenía que terminar de planchar la ropa de los Danioti antes de las seis de la tarde. Le faltaban todos los pantalones. Siempre dejaba los pantalones para el final.
El papá de Mariela fue a la pieza. Si la pieza hubiera tenido puerta, habría dado un portazo violento y ruidoso. Pero se desquitó con la cortina: la arrancó de un tirón.

-La puta que lo parió.

Mariela agarró fuerte la bolsita. En un rincón de la cocina vio la caja de los costureros.

-Voy a vender más, mami.
-Bueno, pero volvé antes de que se haga de noche.

Mariela metió más costureros de cartón en su bolsita y salió a la calle. Vio que pasaba un colectivo y lo corrió. El chofer ya la conocía, así que no le cobró boleto.

-¿Hoy también trabajás?
-Si. ¿Me quiere comprar un costurelo?
-Bueno, dale.

El chofer pensó: “es navidad”, y le pagó con cinco pesos. Le dijo que no le diera el vuelto. Mariela agradeció y se sentó al final. Viajó pensando en Papá Noel. No podía ser que no existiera. Ella quería una Barbie. Una Barbie con vestido de novia. Era lo que más quería en ese momento. Rezaba: ay diosito, que Papá Noel me traiga una Barbie. Decile que el Mati se murió, que no le traiga nada a casa.
Una señora la escuchó rezar y sonrió. Tan chiquita, pensó. Tan chiquita.
Mariela después se puso a mirar por la ventanilla: las vías del tren, los árboles. Se daba cuenta de que el centro estaba cerca porque empezaba a haber más autos en la calle.

El papá de Mariela preparó el bolso y besó a su mujer.

-Suerte. Que te vaya bien.
-No prepares nada especial. No hace falta.
-No voy a hacer nada. Comprá un helado para la nena.
-Ya vamos a tener otro crío.
-No se soluciona con otro.
-Bueno. no sé qué decirte.
-Nada. Andá a trabajar.
-Comprá un pollo en la esquina.
-No me gusta cómo lo hacen.
-Comprá en otro lado.
-Bueno. Con lo que traiga la nena compro un pollo. 
-No me esperen a comer.
-Si, te esperamos. Así somos más.

Mariela bajó en la calle Alvear. Le quedaba una hora y media de luz de día para vender sus costureros de cartón. Se paró frente a un negocio que tenía un cartel enorme de Papá Noel y un simulacro de nevada en la vitrina.

-Nieve –dijo- Nieve blanca.

El papá de Mariela llegó al supermercado y se fue al baño. Se puso el traje de Papá Noel. Mientras se vestía pensaba en Matías. La navidad anterior había llegado a la casa con el disfraz puesto y los ojitos de Matías parecían estallar de alegría. También los de Mariela.

La mamá terminó de planchar los pantalones y salió para la casa de los Danoti. Caminó serenamente por el barrio, cruzó las vías, no pensaba en nada. Cuando llegó a la casa vio a través de la ventana las luces intermitentes del arbolito de navidad. Tocó el timbre. Le convidaron una copita de sidra y la abrazaron fuerte.

Mariela vendió todos los costureros. Juntó 60 pesos. Entró a una juguetería que estaba repleta de gente. Esperó que la atendieran, pero las empleadas no le prestaban atención.
Le tocó la pierna a una de ellas.

-Quiero la Barbie novia.
-¿Y tu mamá dónde está?
-Planchando.
-¿Y tu papá?
-Trabajando.
-¿Estás solita?
-Si.
-La Barbie novie vale 90 pesos. ¿Te gusta?
-Tengo 60.

La empleada contó los billetes. Eran muchos, de dos y cinco pesos. Y muchas monedas. 64 pesos con 25 centavos.

-No te alcanza.
-¿Cuánto me falta?

La empleada sacó la cuenta y le dijo: 25 pesos con 75 centavos. Mariela juntó su dinero y salió a la vereda, a pedirle a la gente que le diera una monedita.
La empleada la miró desde la juguetería. Se conmovió. Quiso comprarle la Barbie, pero la muñeca era muy cara. Siguió atendiendo a la gente y se olvidó de Mariela.
Ya se estaba haciendo de noche.

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  1. Hola Emanuel, la verdad que recien me pongo a comentar lo que he leido, los escritos para tu madre, desde Margaritas hasta ayer son bellos, llenos de vida y de afectos, pero este, este es muy triste. Que paso con los escritos que valoran la vida y los afectos?

  2. era la época de Alfonsín… mi padre era un maestro en una escuela de un barrio más pobre q nosotros… éramos tres con mis hermanos; juan manuel tenía 6 o 7 años… un tío mío nos traía una bolsa con verduras y pan todos los días… no alcanzaba con ser docente… un viernes el tío no vino, y ví a mi hermano arrodillado en la cajita del pan comiendo las miguitas… llega la Navidad, cumpliré 31 años… y q lejos me llevaste…
    un abrazo niño.

  3. barbie? es una barbaridad…bárbaro viene de extraño. aún así te queremos, nos gustas más atado a la vida.

  4. Me alegra que lo hayas publicado. Es muy bueno.
    “Inquietantemente bello” si se quiere…
    Creo que ya te lo habia dicho

  5. mmm… creo que la tristeza es una apariencia. además, supongo que uno escribe lo que puede.

    vero: respondo el abrazo… y que sigamos viajando.

    ustedes: ¿”atado” a la vida? ¡mi mamá me convirtió en Coelho! atado a nada. gracias por el cariño.

  6. es muy triste, me hizo doler la panza…

  7. Ema, la tristeza no es una apariencia, es un sentimiento y bien sabes que uno no escribe lo que puede, sino lo que quiere, porque VOS podes mucho mas que eso, tal vez otro no Irene piensa como yo

  8. Hola Emanuel! Es la primera vez que dejo comentario pero hace unas semanas que vengo fascinada leyendo tu blog, en esa danza entre el humor y la emoción…
    Así llegué el miércoles pasado a la presentación del número 2 de D (¿o D de 2? jaja), y con la sensación (como te dije) de que tendría que haber cortado las margaritas de la casa del lado de la mía y no esperar comprarlas en el centro… :(
    Hoy me puse un vestido que tiene justo esas flores y me acordé de ustedes… Espero que todo esté evolucionando de la mejor manera :)
    Saludos desde el corazón!

  9. Ah.. y a propósito de esta entrada: Si juntamos entre nosotros los $25.75 que le faltan…? Yo colaboro…

  10. mechi: no, yo escribo lo que puedo. siempre. lo que quiero es un punto de partida. lo que puedo es el resultado. que es malo, que es triste, y que está lejos de lo que quiero.

    Natû: gracias, gracias… mi madre ya fue dada de alta, tiene las margaritas donde corresponde tenerlas y está contenta como una reina.

  11. Es triste y es genial. Es tristemente genial. Porque es triste no deja de ser genial. Esto es lo que pudo Emanuel y lo que al parecer algunos no lo quieren leer y prefieren seguir vendiendo juguetes. Me dolió la panza, igual que a Irene, y también me dolió el pecho, pero no por eso deja de ser genial, incluso eso lo hace iluminador dentro de la oscuridad que expresa. Esto, creo yo, desde el punto de vista del escritor, también es aferrarse a la vida, porque esto es vida, así se vive, perder un hijo es triste (lo sé) y la inocencia de querer una barbie (barbarie, cultura) también lo es.

  12. Y sí, es triste (o aparentemente triste).
    No todo debe tener final feliz.
    Eso está bueno también. Creo.

  13. Me sentí protagonista de la historia, cof cof.

  14. Henálmadar: gracias… no sé si es genial, pero te agradezco la buena onda. Y sí, es una manera de aferrarse a algo. Pero no de estar atado. Aferrarse no es estar atado. Coincido contigo. Barbie-barbarie no fue intencional. Pero lo que uno escribe deja de ser de uno.

    Vic: y sin embargo para mí el final es feliz.

    M!: ta bien.

  15. ulax!!! cmuu tan amixss ls kiruu muxo………………okis nk se olvdn d mix k ls..kru mxoototoote plis.s.s bueh aki ls dejo la pag okis de mi hi5 ezzhh http://lachikitax100pre.hi5.com y pa k me cnscan bn aki ta mi msn es; beuty.girlz@hotmail.com byee….besitusshzhz

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