RELATOS

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In Cosas que pasan on octubre 9, 2007 at 11:05 am

Cuidado
¿Por qué cuidamos de los demás cuando cuidamos de los demás? ¿por qué C. me cuidó de esa manera? ¿Qué me dijeron sus gestos mientras la fiebre me aplanaba como a los restos de un perrito atropellado en una autopista? Dormido, soñé que la veía dormir y que el sol iluminaba su cara a través de la ventana y que entonces yo le escribía un poema que invertía las cualidades de las cosas y decía que la luz no llegaba a su rostro, salía de él, y que el pueblo amanecía desde mi ventana. No le dije nada porque se hubiera reído de lo maricón que puedo ser para escribir sobre esas cosas. ¿Por qué cuidamos de los demás? ¿Por qué nos dejamos cuidar por alguien? ¿Por qué me doy cuenta tarde del valor de esos cuidados? Compramos cosas para preparar la comida y no comimos nada, pero si yo se lo hubiera pedido, C. preparaba la cena más reparadora que un enfermo pudiese soñar.

La vida secreta de las palabras
Me estoy convirtiendo en una mujer. Cuando veo las películas me fijo en la ropa de los actores, en las copas que usan para beber, y en cuán encantadores son los hombres que van a enamorar a las chicas. Tim Robbins es un divino. Se hace el pelotudo pero es un divino. Si no lo fuera no aprendería a nadar. O no le diría a su chica que él aprendería a nadar. También me fijo en detalles de sensualidad femenina. Una toma a contraluz, el perfil de los pechos de una mujer. Se van a abrazar y se van a besar, van a llorar. Todo eso dice el perfil de esos pechos. También anuncia la salida a la luz de un desastre. Me estoy convirtiendo en una mujer interesante, quiero ver películas como esta todos los sábados a la noche.

Paracetamol
Cada mordisco de criollito me raspa la garganta. Detrás de la campanita está todo rojo, irritado. No hay placas. Por eso y porque C. insiste me resisto a la automedicación y al consejo que se repite por sms: acitromicina, una por día. Somos cinco chicas. Tomamos mate, escuchamos bandas de sonido de películas. Hacemos jugo de pomelo. La mitad de mi sangre discute con una gripe y una probable infección en mi garganta. La otra mitad recorre furiosa mi brazo mi mano y mi dedo índice cuando le alcanzo el mate a R. y le toco sin querer la mano. No se lo digo aunque algún día se lo voy a decir: me alimento de detalles.

El increíble castillo vagabundo
Lo más fácil, cada vez que Celina dice que una película es hermosa, es decirle que la belleza de las cosas está en los ojos del que las mira. Vos sos linda, por eso la peli te parece linda. Si no, no entiendo cómo demonios te puede gustar Hairspray. Pero eso es lo más fácil, y si bien es cierto que la belleza de las cosas está en los ojos de Celina, El increíble castillo vagabundo puede hacer que hasta uno mismo se sienta hermoso. Yo he vivido en castillos como esos, mi madre es uno de esos castillos y es también una señora vieja que trabaja y limpia todo el día y cuando se duerme parece de 14 años y su piel brilla como los pisos sobre los que insiste en no dejar huella. ¿Qué tan perpetuas son las cosas que parecen perpetuas? La maldad, la crueldad, por ejemplo. ¿Qué tan absolutas son, a pesar de que terminan en d? El increíble castillo vagabundo cambia de lugar porque lo persigue un peligro mayor: el de estancarse en cómo ve las cosas la gente común. Conozco gente común. No me llevo bien con ellos. No dejaría que me cuiden ni un segundo, tenga la fiebre que tenga.

La foto a rayas es de Carla

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  1. Gracias querido. Si vivieramos en una plataforma petrolera, le pediría a Celina que nos programe un ciclo de cine. Eso si, no invitaré a Tim. Para eso estoy yo.

  2. Es cierto. Tampoco dejo que me cuide cualquiera cuando tengo fiebre. Soy odiosa. Sólo hay una persona y viaja 80 km para hacerlo. No sé aún por qué me cuida.

  3. Te quiero, te adoro. Incluso si te resistís a disfrutar una película que no intenta ser poética, ni inteligente, ni sutil. Hairspray no es nada de eso. No digas que no te lo advertí.

    Igual podemos encontrarnos en los cielos de Miyasaki. En algunas cuestiones todavía me creo una chica amplia.

  4. hola prejuicioso, me gusta lo que escribiste hoy, saludos madrileños

  5. c.: si, para eso estás vos.

    Valeria: Una sola persona basta.

    Celina: yo también te quiero, incluso si insistís en que hairspray tiene algún encanto. No soy amplio, pero los cielos de Miyasaki se bancan un par de canciones.

    Nt: hola, gracias, saludos aguadeorenses.

  6. ¡!
    otro detalle,
    gracias por el cafe y por el almohadón.

  7. Conozco una sólo manera de querer. Querer y cuidar son la misma cosa, una sólo cosa. A veces jugamos a que son dos, en el intento de dejar de querer aparentamos descuido. Pero querer y cuidar son la misma cosa.

  8. Agrego… he sentido la mitad de mi sangre recorriendo furiosa mi brazo, mi mano y mi dedo índice, intentando tocarlo todo a través de un mate… qué fantásticos son esos instantes!

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