RELATOS

Haddon

In Uncategorized on agosto 29, 2007 at 4:04 pm

Entre las cosas que me pusieron contento esta semana hay un e-mail, un departamento en Caballito, una conversación por msn y una noticia: la semana que viene sale por alfaguara la nueva novela de Mark Haddon. La primera fue El curioso incidente del perro a medianoche, una novela capaz de hacerte sonreir por una semana. Si me pidieran que recomiende un libro ahora, recomendaría ese. Si tuviera tiempo para releer un libro ahora, releería ese. Si pudiera elegir lo leería en Caballito. En voz alta. Hasta quedarme dormido de tanto reír.  

Esto salió publicado en La Voz, en 2005, cuando El curioso incidente… era una novedad.  

Un caniche yace en el jardín de enfrente. Tiene una horqueta atravesada en el lomo y un niño de 15 años que no se lleva bien con la gente, no sabe mentir, sabe calcular números primos hasta el 7.507 y no pronuncia palabra durante todo el día si al despertar ve pasar tres autos amarillos seguidos porque está convencido de que presagian una muy mala jornada, lo está mirando fijamente mientras deduce que el jardín de la ya no tan adorable señora Shears se ha convertido en la escena de un crimen que él –devoto de las historias de Sherlock Holmes– debe resolver.

Lo que esta imagen tiene de oscura y extrañamente graciosa, El curioso incidente del perro a medianoche lo tiene de ingenioso y excitante. Escrito en el registro de un niño que asiste a una escuela especial, ofrece una apariencia de libro sencillo, casi una novela juvenil, pero a medida que la historia avanza revela un complejo entramado de paradojas e ironías.

Desesperadamente triste y a la vez hilarante y encantadora, la pesquisa de Christopher supone un notable hito en la lista de odiseas personales que revelan -y se ríen de- las disfunciones de la normalidad. En el camino del inolvidable Ignatius Reilly, de La conjura de los necios (de Jhon Kennedy Toole), y también del Wilt de Tom Sharpe –con cuyos autores Haddon comparte la acidez cómica en juego con la ternura de los desubicados–, Christopher Boone pasea su “anormalidad” por la vida de los demás para denunciar el absurdo violento de una cotidianidad aparentemente sana.

Vive una aventura extraordinaria en ambientes ordinarios, en un pueblito inglés, en el tren a Londres, en una estación de subte, y pone a prueba no tanto su lógica –diagnosticada de “especial”– como la lógica y el sentido común de los adultos que lo rodean. La enfermedad deja de ser lo perturbador del asunto y su lugar es ocupado por el supuesto orden natural de las cosas. Recordemos: alguien del mundo de los sanos le ha clavado una horqueta en el lomo a lo que era un cariñoso caniche juguetón.

En otro nivel, la novela es un juego, una especie de enorme y a la vez simple problema matemático, un puzzle. Se aleja del registro de las novelas policiales clásicas al presentar una voz narradora dotada de una encantadora inocencia: este chico, pensamos, no oculta nada, no sabe mentir, presenta las cosas tal como sus ojos las ven y entonces no parece haber estrategias de escamoteo de la información. Mark Haddon ha creado una criatura perfecta para dar vuelta el género: el camuflaje tierno de quien a todas luces no tiene ninguna intención de manipular la información le permite al autor dosificar los datos de una manera original y sorprender al lector por donde menos lo espera.

Si bien es cierto que se aleja también de J.K. Toole y Tom Sharpe, citados arriba, por carecer de un trasfondo de crítica sociopolítica y por limitar la mirada al personaje central (Toole y Sharpe hacen de las distintas perspectivas un arte delicioso), el libro de Haddon de alguna manera misteriosa pide ser acomodado en el mismo estante, junto a los libros que provocan despanzurrarse de risa y permitirse el íntimo y liberador ejercicio de la lágrima.

Finalmente, y aunque no esté comprobado científicamente, vale decir que después de leer El curioso incidente del perro a medianoche pueden resultar necesarias unas tres semanas para dejar de presagiar un muy mal día tras ver que pasan por la calle, uno detrás otro, tres antipáticos autos amarillos.

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  1. Gracias por presentarme a este autor. Leerlo fue una de las cosas mas lindas que me pasaron ultimamente.

  2. Ayer me regalaron este libro.
    Lo lindo de este blog es que a la gente que me pregunta “¿qué querés que te regale?” le puedo contestar “preguntale a Pinchilón Fonseca”.

    Abrazo, amigo.

    José.

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