RELATOS

No te vayas campeón…

In Cosas que pasan on julio 19, 2007 at 5:34 pm

 

Hoy murió Roberto Fontanarrosa.

La última vez que vino a Córdoba cenamos juntos. Yo le había leído esto.

Hablamos de la vida. De las noches inolvidables. De Talleres.

Era de esos tipos que te enseñan a vivir sin querer enseñarte nada.

Me dió mucho una vez que me dio un abrazo.

Dar, de ahora en más, es lo que me queda para pagar esa deuda.

Empecemos, entonces, con un abrazo a todos los que lo queríamos.

y si, como Inodoro, sólo te estás haciendo el muerto para ver quién te llora, sabelo,
yo te lloro.

La primera vez que lo entrevisté.

La segunda.

Otro texto de fan.

El discurso del Honoris Causa.

Y la nota más difícil.

SIEMPRE ESTUVO CERCA

Publicado en La Voz del Interior, el 20 de julio de 2007.

Cada vez que alguien le preguntaba a Roberto Fontanarrosa sobre su relación con Córdoba, él señalaba a su mujer y decía “¡me casé con una cordobesa!”. Luego recordaba sus años de formación en Hortensia, su amistad con Crist. Decía que aquí nacieron sus dos personajes insignia, Boogie e Inodoro Pereyra. Y decía que el enfrentamiento entre cordobeses y rosarinos por cuál sería la ciudad más habitada le parecía una ridiculez. Mientras más habitantes, peor la ciudad. Le quedaba bien el tamaño de Rosario, entre la metrópoli y el barrio.
Nos habíamos conocido en 2005, cuando visitó la Feria del Libro y yo lo presenté. Yo que lo admiraba, lo presentaba.
Fue uno de los capítulos más emotivos de su historia reciente con Córdoba: ingresó al Patio Mayor del Cabildo, apenas caminando, y el aplauso atronador espantó a las palomas del campanario de la Catedral. Hacía mucho tiempo que no venía, y la presentación de un nuevo volumen de tiras de Inodoro Pereyra fue una excusa para que más de 400 personas se pusieran de pie para recibirlo.
Un abrazo puede tener muchas formas. El aplauso de cuatro centenares de lectores es una de las más bellas.
Dije en el micrófono que estaba muy nervioso. Él respondió: “bueno, gracias por transmitirme todo ese nerviosismo a mí”.
Salimos del Cabildo cuatro horas más tarde. La charla había sido extensa, y después Roberto no se negó a firmar ninguno de los 400 libros que le acercaron. Roberto sos un capo. Negro sos el más grande. Negro, te leo desde chiquito. Negro, no sabés cómo se va a poner mi viejo cuando vea esta firma. Fuerza, Roberto. Cada uno de los solicitantes de firmas quería devolver algo de lo que Roberto Fontanarrosa les había dado: cariño, alegría, fuerza. Emociones. Manifestaciones mínimas de la felicidad.
Doctor
Cuando me pidieron que escriba el discurso de entrega del Doctorado Honoris Causa a Roberto Fontanarrosa lloré como un niño. Del Negro se aprende que el humor es una oportunidad para ser inteligentes, que se puede hacer reír y decir en ese mismo acto lo que queremos decir sobre el mundo. Del negro se aprende además a honrar a los maestros. Muchos de sus cuentos hablan de eso: de todo lo que uno aprende cerca de gente que no pretende enseñar nada.
Llegó a Córdoba en silla de ruedas. Fue rodeado por periodistas y les contesto a todos las mismas preguntas de siempre. Cuál era su relación con Córdoba. Qué es el humor. Qué se acordaba de Hortensia.
Durante la ceremonia estuvo radiante, hizo explotar de risa al Pabellón Argentina y selló para siempre un amor incondicional con la ciudad de su mujer. Una ciudad que lo saludaba con admiración. Una ciudad que a él le caía muy bien, por la cantidad de habitantes, por las sierras, por la historia, por el humor, y porque se trataba de una ciudad con clubes de fútbol incapaces de ganarle a Rosario Central.  
Yo había ido acompañado, porque quería testigos de mi tarde de gloria. Roberto nos invitó a cenar y fuimos al hotel en el que se alojaba.
Allí habían preparado una mesa enorme. estaban los familiares de la esposa del Negro. Estaba Crist. estaba el Gordo Oviedo. Estaba también el chico que le ayudaba todo el tiempo. Sobre la mesa había un menú variadísimo y una tonelada de afecto.
Recuerdo cómo se miraban Roberto y su mujer. Esa intimidad siempre estuvo vedada a sus lectores: Fontanarrosa no incluía datos de su vida familiar ni en sus tiras ni en sus cuentos. Por eso presté atención a cómo se miraban. Comíamos versiones elegantes de pollo.
Cuando terminó la cena me invitó a sentarme a su lado. hablamos de libros, de fútbol, de la chica que me estaba acompañando. “Linda mina”, reconoció. Se reía difícil: la alegría de su espíritu estaba en guerra contra la quietud de su cuerpo. Todavía dibujaba algo, aunque se quejaba de que demoraba mucho. “Me rompe las pelotas”, decía. La mano que aún podía moverse se apoyó en mi hombro. Me gustaría saber que ese día aprendí algo que tiene que ver con la humildad.
Después no vino más, al menos oficialmente, aunque siguió abrazado a Córdoba. Cuando sus manos se rebelaron por completo, recurrió a las manos de su amigo, el Negro Crist, quien lo ayudó con las tiras diarias en Clarín. Crist le recomendó que Salas le dibujara a Inodoro.
Inodoro Pereyra solía hacerse el muerto para saber quién lo lloraba. Que lo sepas, Negro: nosotros que te admiramos, te lloramos.

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  1. Cuando leí la noticia en La Voz, supe que tenía que venir hasta acá porque vos, Emanuel, ibas a escribir los que los demás no podemos decir porque tenemos la angustia atravesándonos la garganta.

    Yo también digo con vos: Fontanarrosa es de esos tipos que te enseñan a vivir sin querer enseñarte nada. Un maestro.

    Un abrazo.

  2. nos vemos en el café.
    sabía que ibas a escribir algo antes que yo, y por más rápido, no fué menos.
    culiau

  3. Muy lindo, muy conmovedor el texto. Es tan grande la tristeza que no encuentro las palabras para expresar tanto dolor. Gracias Negro por las carcajadas, gracias Emanuel por darnos este espacio para recordarlo

  4. Recién me siento en la computadora. Venía con muchas ganas de leerte, porque sé lo que sentís por Fontanarrosa.

    Hermanados los que brindamos siempre por su genialidad.

    Una cagada.

    José.

  5. Emi:
    Hoy fue un día trabajoso en la mañana, gris a la siesta y bueno a la tarde, porque lo que parecía que iba a salir mal, salió bien. Hasta que llegué a casa y me encontré con un mensaje . No podía creerlo. Sabía que estaba enfermo,pero a uno le parecía un viejo árbol que sigue largando ramitas. No podía pensarlo muerto.
    Quizás la gente no sepa que lo leía y que lo admiraba. Hoy, estoy llorando por él, pero lo hubiera soportado mejor si no hubiera leído tu nota. C.B.

  6. Emanuel, esta mañana me levanté con la imperiosa necesidad de buscar en el diario tu homenaje al Negro. Somos varios los que lo lloramos.

  7. P… madre… se me cayeron las lagrimas…

  8. Esa noche no pensamos que era la última. Pero la supimos especial. No podía estar ausente en este homenaje al negro.

  9. Levante la mano el que no se sentó, aunque sea un ratito, en la mesa de los galanes con el Negro.
    Como dijo Sabina el día que murió Castelo: ¡muera la muerte carajo!

  10. Hola muy lindo tu homenaje al Negro, a tu pagina entre por el titulo de la misma, me dio curiosidad saber de que se trataba, por pinchilon foncesa, viste? yo tambien soy cordobes, ya pasaremos con mas tiempo a leer los otros post
    pd: mi hermano tenia un compañero que era de apellido Fonceca y le decian Chilonpi, y asi se lo presentaban a las chicas, jajaj, pobre

  11. ***************************
    *negro te vamos a extrañar*
    ***************************

    VISITA MI BLOG

    http://www.cableatierra.110mb.com/

  12. que es esa necesidad toooooooooooooooodo el tiempo de recalcar “yo lo abrace” “yo lo conoci” “yo tome cafe con el” al final pareciera que hablas mas de vos que del negro.
    escribis bien, pero separate un poco de vos.

  13. ok, raul, pero esa era la idea. El resto del diario publicaba notas más informativas.
    Supongo que la insistencia en esas cosas fue una catarsis y una manera que elegí para acentuar la humildad del tipo.
    Gracias por el consejo.
    Chau.

  14. Emanuel, como dije en el sitio de José, me cagaste la tarde, macho.
    Hacía mucho que no sentía un nudo tan grande en la garganta, loco. Ahora en vez de la tribuna alrededor del escritorio, hay que hacerle monumentos…

    Abrazo.

  15. es cierto, de todas formas, yo entro, yo leo, yo acepto que esto es tuyo, perdon, y la verdad, si tenes ganas de tirarte un pedo y lo publicas, es TU blog y si entro, es bajo mi propia responsabilidad.
    nunca me des bola cuando me pongo en estupido.

    entre al choripan.
    tienen algo que ver?
    saludos

  16. nene, es cierto. abrazo para ud tb.
    raul: todo más que bien, a mí me pareció una lectura válida de la nota, y no una estupidez. Pero bueno, para la próxima no te doy tanta bola. Nada que ver con el choripán, ese blog es del Nardo, uno de los que hacía La Orden del Bufón. Saludos. Y gracias.

  17. perfecta decicion no darme tanta bola, tenes razon, lei elperfil, no se porque no lo hice antes, saludos emanuel

  18. que barbaro, apenas lei el primer comentario de raul pense solo en “bardo” mi gran problema, no espero mucho, despues me di cuenta que era solo una charla, un abrazo ema y miralo al negro, que està mirando con ojos de indio.

  19. Gracias Ema.

  20. Te felicito por el post y también por el discurso del “Doctor Honoris Causa”, mi hicieron lagrimear y las lágrimas son un alivio que permiten desatar ese nudo en la garganta que tengo desde que el Negro nos dejó… porque el Negro nos dejó con ganas de más, tenía tantas cosas por dar.
    Ahora será cuestión de leer y releer sus ocurrencias y sentirlo cerca, casi como en la misma mesa de amigos, sabiendo que su humildad le permitía sentarse tanto con Borges, con un periodista como vos o con un hincha futbolero como yo.
    Nuevas gracias,
    DrGEN

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