RELATOS

Cera

In Cosas que pasan, Relatos on enero 22, 2007 at 4:05 pm

El armario huele a humedad, como todo en la cabaña. Abro sus puertas y busco velas iluminando con la linterna débil del teléfono celular. Me habían dicho que la luz se cortaba cada dos por tres, por eso memoricé el estante donde quedó el paquete de seis velas grandes.  
Como quien acaba de adoptar un perro, mi nueva casa me estudia: nos olemos mutuamente, nos cuesta reconocernos.
Con un encendedor de un peso, derrito parte de la vela sobre el pico de una botella. Luego uso la botella como un candelabro tosco. La casa es encantadora, la alquilé amoblada y pulcra, prolija, y la botella no hace juego: es una llama grotesca sobre la mesa.
Me voy a dormir. A la mañana siguiente, ya con luz eléctrica, salgo a correr, me siento a leer, me baño y me voy a trabajar.
Entrevisto gente durante toda la tarde, luego voy a casa de Marcela y tomamos café. Estudiamos un rato.
Manejo con sueño por una ruta que parece una serpiente que a su vez es parecida a la espalda de Marcela. 
Cada vez que llego cerca de esta hora –las dos, las tres de la mañana– Agua de Oro es un pueblo fantasma. Mi casa está sobre una montaña, y los vecinos se han ido.
Cuando entro, paso revista rápidamente para comprobar que todo está en su lugar: el tele, el dvd, la computadora, el equipo de música. Sobre la mesa está la botella que usé como candelabro.
La vela no está. Tampoco hay rastros de cera: no se consumió. La debo haber apagado y guardado y no lo recuerdo, pienso, y me acuesto.
Se corta la luz. Cada dos por tres se corta la luz. Bajo a buscar la vela… la que usé anoche no está. Uso otra, nueva. Repito la mecánica.
Al otro día salgo a correr, me siento a leer, me baño y voy a trabajar.
Más tarde voy a la casa de Emilio, juego con sus hijos hasta que se duermen. Tomamos una Heineken.  
Manejo con sueño, llego al pueblo desierto, a la esquina de casa, a casa. Todo en su lugar: la computadora, el equipo de música, el tele, el dvd.
Sobre la mesa, la botella. La vela no está. Esta vez estoy seguro de no haberla sacado.
Me preparo unos fideos con queso y me voy a dormir.
Se corta la luz. Cada dos por tres se corta la luz.
No quiero pensarlo demasiado: no se puede vivir con miedo, me repito. Y sigo el ritual: el armario huele a humedad. Quedan ahora 4 velas del paquete de seis. Elijo una al azar. Son todas iguales. La prendo y la dejo sobre la botella.
Me duermo leyendo un libro de un premio Nobel.
Salgo a correr pero llego más lejos, hasta el río. Cuando vuelvo, sé, antes de abrir la puerta, que la vela no va a estar sobre la botella y al entrar confirmo mis sospechas.
Chequeo por vigésima vez el piso: no se cayeron, no rodaron hasta un rincón.
Voy a trabajar: tengo que entrevistar a un escritor cuyos libros me aburren. Cuando salgo del diario voy casa de mi tío.
Manejo con sueño, claro.
No dejé velas sobre la botella, pienso. No tengo de qué asustarme.
Sin embargo cuando llego a casa y abro la puerta, una mujer está sentada frente a la mesa.
Pálida, serena, la mirada fija en la botella. El pelo lacio, levemente ondulado sobre los hombros. Un vestido con flores, los pechos breves, el abdomen delgado. 
La miro: la luz no la traspasa. Dejo la puerta abierta y avanzo. La mujer no me ha visto pero sé que sabe que llegué. 
Lo que no sé es qué decirle, y el miedo me hace difícil caminar. Intento que alguna palabra salga de mi boca.
Tampoco sé quién toma la decisión por mí, pero me siento en la mesa, frente a ella.
Nos miramos a los ojos. 

Anuncios
  1. Prometiste que no ibas a escribirlo. Con un vaso de fernet, jugando con los hielos, quitándote de encima una perra, prometiste que no ibas a escribirlo.

  2. Prometí que no lo iba a publicar en el diario. Creo. Estaba rico el fernet.

  3. Busqué algún término mas fino para expresar lo que me produjo el texto, pero no lo encontré: me cagó de gusto y punto.

  4. confesà: te viniste a vivir a Inaudi.
    saludos
    marco

  5. uf, no me extrañaría que te conviertas en un escritor

  6. El cuento está buenísimo, pero yo me creo todo y ahora le tengo miedo a las velas y los vestidos floreados..

  7. Este. Sin dudas. Éste es un cuento que me gusta. Te dije que iba a decir si me acordaba alguno. Que pedazo de hijo de puta. (Con todo cariño, l’Emanuel).

  8. el verano y los cortes del luz en el pueblo.
    paquete azul de velas …

    los cortes de luz de Agua de Oro.
    los habia olvidado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: