RELATOS

Galope

In Cosas que pasan on diciembre 6, 2006 at 1:19 pm

A esta hora siempre me pregunto qué vine a hacer acá, por qué me mudé, por qué no lo pensé mejor. Las sombras de los árboles dibujan fantasmas en el piso y las paredes de piedra y los ojos me arden. Me preparé una cena mínima y tres capítulos seguidos de Six Feet Under y 70 páginas de un premio Nobel después, sólo me duermo porque estoy exhausto y no porque esté tranquilo.
Me despierta un frenético galope. Topocloc, topocloc, topocloc.
¿Qué mierda pasa?
No prendo la luz: duermo con el velador prendido porque todavía no me acostumbro.
Topocloc, topocloc, topocloc.
Las chapas del techo suenan a enloquecimiento.
El ruido es atronador. Alcanzo a ver que en algún momento de la noche se cortó la luz y el despertador titila constantemente a las 12, aunque calculo que serán las cuatro de la mañana.
Mierda, mierda, mierda.
Parece como si un caballo estuviera galopando por el techo de chapa.
Es un pueblo tranquilo, me repito. Recuerdo que todos me dijeron lo mismo. En Agua de Oro no pasa nada. Podés dejar la bicicleta en la vereda y las ventanas abiertas.
Hace cuatro años vivía en un edificio en barrio Alberdi. Arriba de mi departamento, una pareja de hombres hacía el amor con muchísima más frecuencia, pasión y ruido que yo. Además escuchaban Shakira. No los soportaba. Primero la cama comenzaba a chillar como miles de ratitas asustadas. Después venían los jadeos. Y los gritos.
Bueno: ahora quisiera estar escuchándolos a ellos y no esta especie de galope frenético en la chapa del techo de mi casa nueva.
Hacete hombre, Emanuel, me digo.
Vas a tener que salir afuera y ver qué mierda pasa.
El ruido constante me envalentona: un ladrón jamás haría tanto escándalo.
Me visto en medio de una tormenta de topoclocs, topoclocs, bajo la pequeña escalera absolutamente temeroso y llego hasta la puerta.
¿Realmente quiero saber qué pasa?
Prendo la luz de afuera. Imagino que la calle de tierra estará desierta, que el monte que rodea a la cabaña estará poblado de ruiditos indescifrables. Imagino también que cuando sepa qué diablos es lo que está haciendo ese ruido en el techo de chapa de mi casa nueva me voy a orinar.
Miro en dirección a un crucifijo que quedó de los inquilinos anteriores. Prácticamente le pregunto si no será demasiado tarde para unirme a la religión católica y que el mismo Jesús venga a solucionar este problema que tengo en el techo de casa.
Salgo a la calle, con el celular en la mano. Tengo un celular con linterna.
No llego a usarlo.
Apenas me paro en medio de la calle lo veo, arriba de mi techo, furioso.
Hay un maldito caballo galopando sobre el techo de chapa de mi casa nueva. Le cuesta mantener el equilibrio, porque es un típico techo a dos aguas. No tiene los ojos rojos ni le sale fuego de las crines. No tiene, tampoco, y menos mal, jinete.
Me caigo, claro, porque se me doblan las piernas. ¿Cómo mierda llegó ese caballo hasta mi techo?
Me incorporo, la boca abierta, una mancha de orín en mis pantalones, y corro monte abajo, hasta la ruta.
Por dios, que haya alguien en la ruta. Un policía, Jesús, Krishnamurti. Alguien.
Pero no. Me fijo en el celular y son las 4 y media de la mañana. No hay nadie en la calle y no tengo la menor idea de dónde queda la comisaría del pueblo. Me lo dijeron cuando alquilé la casa, pero no presté atención porque jamás me imaginé que una noche un caballo galoparía furioso sobre el techo de mi casa nueva.
Me duele el pecho. Llamo inútilmente a mucha gente que no atiende su celular a esta hora de la madrugada, e intento regresar a casa.
Mientras voy subiendo lo veo, sobre la calle, furioso.
Hay un maldito caballo galopando hacia mí en éxtasis. Los perros le ladran, y yo me corro hacia donde estaría la vereda. El caballo pasa, veloz, y lo veo alejarse hasta que cruza la ruta.
La puerta de casa quedó abierta. Entro y todo está en su lugar. El silencio es arrullador. Me siento en uno de los sillones y me quedo dormido.
A las nueve llega el gasista a arreglar el termotanque y a las once ya estoy trabajando en el diario. Le pregunto al de policiales si se supo algo de un caballo suelto en Agua de Oro que se anduvo subiendo a los techos de las casas.
El de policiales deja de prestarle atención al monitor de su computadora y me mira como si yo estuviera loco. Se para y da una vuelta alrededor de mi cuerpo.
-Está hecho mierda- dice. -¿Dormiste bien?

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  1. “En ocasiones aparecen las pesadillas o sueños que por su naturaleza nos hacen sentir placer, sueños con los que nos asustamos, lloramos o reímos. Suelen ser, en muchos casos, experiencias tan fuertes que nos sería difícil decir si era un sueño o estaba pasando en realidad.

    Si el caballo es de color:
    blanco: buenas noticias, alegría y fortuna.
    negro: inquietudes y problemas.
    alazán: dificultades.
    gris: obstáculos.
    bayo: elevación y dignidades.”

  2. Que horribles las pesadillas.
    Las peores que tengo son aquellas donde alguien quiere entrar a casa a robar, o a algo peor.
    Odio a los intrusos!!

  3. No fue una pesadilla.

  4. Nota del dueño: borrado por boludo. ¿Con qué necesidad, Lumine?

  5. Nota del dueño: otra vez. Ya, querido, dejá de romper las pelotas.

  6. y es queridA, no queridO

  7. uh… ya sé quién sos.

    ¿No creés que el aire acondicionado del diario está muy fuerte?

    ¿Tomamos un café y me aclarás que mierda te pasa?

  8. no fue una pesadilla?
    volvé a la civilizacion Emanuel.. volvé.

  9. Emanuel: ¿no habrá sido el caballo del Zorro? El caballo del Zorro cabalgando sobre tu techo y el Zorro adentro, bajo tu techo, buscando justicia…

  10. ¡Qué miedito Emanuel…!Te creo absolutamente.

  11. que lindo sueñito eh? dsps te despertas con todo el colchon mojado, una taquicardia de novela y la sensacion de que en evz de haber dormido fue una fucking maratón.
    Hasta he amanecido transpirada muchas veces, y no precisamente por el calor.
    Buen relato

  12. Culeau!!!! Que horrible situacion!!!!

  13. Bueno tu sitio, E. Te estoy leyendo. Abrazo y te felicito.
    gb.

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