RELATOS

Golpes secos en la piedra

In Cosas que pasan on diciembre 1, 2006 at 12:43 pm

No tengo vecinos en mi casa nueva. Nadie hace ruido. De noche, el viento mueve un poco las chapas del techo del deck y los árboles de la montaña. Y algunos perros de las casas que están a 50 o 100 metros ladran insistentemente, como si vieran algo. No hay ruidos de motores. Son las dos de la mañana y escucho radio mitre, y leo un libro cuyo autor me responderá con lugares comunes mis preguntas comunes. De repente, un golpe seco en la piedra.

La cabaña tiene paredes de piedra y madera. Un animal, pienso, para tranquilizarme, aunque sé que a menos que un pájaro se haya estrellado de pico contra la pared, ningún ser vivo podría haber hecho ese ruido seco de golpe en la piedra. Apago la radio. Dejo el libro a un lado. Presto atención. No sé si espero que el ruido se repita para tratar de adivinar qué es, o que ya no vuelva para poder dormirme. Y otra vez: ¡tuc!. Golpe seco en la piedra. Los perros ladran.

La cabaña es chica y desde la cama veo todas las puertas y todas las ventanas: enfoco en los picaportes, y sé que si los veo moverse el miedo paralizará mis piernas. Entonces miro el techo de madera de pino. Cuento las vetas de cada tablita para que el sueño vuelva. No fue nada, me repito, aunque sé claramente que algo fue, porque la nada no hace ruido de golpe seco contra la piedra.

El viento mece los árboles ahora más violentamente. Quiero separar cada ruido para identificarlo. Quiero saber si esas hojas crujiendo son pasos y si son de hombre, perro o zorro. Pero no, para mi oído urbano son sólo hojas, acaso ramas. Y otra vez: ¡tuc! Mierda, me digo. Es un golpe seco en la piedra, claramente afuera de la cabaña. Mi respiración es frenética e intento hacer silencio para escuchar mejor. Repaso mentalmente mi rutina de cierre compulsivo de aberturas, y recuerdo con claridad haber asegurado cada cerradura. Igualmente no saco la mirada del picaporte de la puerta que está sobre la pared de piedra desde la que han venido los tres golpes secos. Los cuatro.

Busco un palo, algo. Pero no me levanto de la cama. Quisiera hacerlo: pararme y tomar el bate de béisbol que cuelga de la pared, pero mis piernas no responden o no quieren hacer ruido. Otro golpe. Ya quisiera decir algo, preguntar con voz de hombre grande quién anda ahí o qué carajo pasa. Pero de mi garganta sale un hilito de voz. Hay un poste de luz en la calle de tierra. La sombra que proyecta sobre la cabaña es siempre la misma: un árbol en movimiento, algunas hojas cuyas formas se dibujan en el piso atravesando el ventiluz. Estoy mirando fijamente esa sombra temblorosa, que de repente se ve interrumpida por otra, más opaca, que la atraviesa lentamente. Otro golpe en la piedra. ¿Qué hice? ¿Por qué me vine a vivir acá? Otro golpe. O una bandada de pájaros ciegos con picos duros se está estrellando contra la pared de mi casa, o estoy hasta las pelotas.

Cuando abro los ojos ya son las nueve. Me preparó un café y salgo al deck a tomarlo, a contemplar el paisaje. Recuerdo los golpes, las sombras, pero no hay elementos para reconstruir los hechos. A primera vista no falta ni sobra nada. Siento el calor de la taza de café en mi mano. Estudio la pared.

En una de las piedras está escrito mi nombre, y no es mi letra.

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  1. te están engualichando, ema. Me cagué todo.

  2. Muy buen texto. Disfruté leyéndolo (y lo admito, sentí un leve escalofrío).

  3. Stephen King tiene sucursal en Golden Waters.
    Hermoso relato de una noche sin sueño.

  4. Ema, si el relato es de ficcion te diría que seguramente es el Petizo Orejudo. Si es real, bueno, gente que te rompa las bolas debes tener. Igual siempre es mejor lidiar con el Peitizo Orejudo.

  5. pero q buen relato señor, me saco el sombrero

  6. Ta bien, boludo. Lo escribí yo, iba a poner: “Emanuel, no te encontré y supuse que estabas durmiendo”, pero cuando puse Emanuel, sentí ruidos adentro de la casa y me cagué todo.

  7. Pinchilón, Eschozié, brillantes los dos…

  8. Muy bueno el texto!, me hizo acordar un cuento de Horacio Quiroga,ese que el tipo creaba un aparatito que hacia ruido en las paredes, de vecino no tenes algun gracioso de estos?. O no habras enterrado por ahi cerca algun viejito hincha pelotas con un corazon muy jodido?. Capaz que al viejito lo enterro otro (Martin?), pero porque escribir tu nombre?(para cargarte el muerto?), no se; como siempre me fui a la mierda, un consejo: Tomate un valium!. Mis post es medioboludo pero es la primera vez que te leo y no se si son expreriencias o invenciones!.

  9. Me cagué hasta las patas. Ya te mudaste otra vez, no? No seas boludo, no te quedes ahí.
    Hoy no duermo.

    emebé

  10. Alto cagaso!!! excelente relato!!!

  11. Querida gente: gracias por tanto cariño. La verdad es que estoy cagado hasta las patas en mi nueva casa y sólo un detalle de este relato no es estrictamente cierto: no tengo bate de béisbol.

  12. Loco, donde te fuiste a vivir?

  13. Era yo, Emanuel, estaba aburrido.

  14. Ema, si el relato es verdad, necesitás un bate nomás, calibre 38.

  15. Hay que temerle a la ciudad, no al monte…

  16. caray, si es verdad, entonces sí necesitás un bate, si es calibre 38 mejor

  17. Ay Ema… que momento!
    La solucion: alarma.
    Y a otra cosa mariposa.

    nada de bates, nada de 38´s…. terrible cagaso se va a pegar el que se está haciendo el pícaro cuando le suene todo.. jaja!

    animo!

  18. Me hiciste acordar cuando era pendejo y me iba de vacaciones en enero al campo, a los gigantes. Juro que, en medio de la pampa de achala, donde no hay nada, sentía pasos en plena noche. Cómo te trabaja el bocho en esos lugares eh?

    Estupendo relato.

  19. Esa semana me había propuesto escribir un cuento. Como siempre, no tenía nada que decir. Había un cielo pálido, casi gris. Pasé por un desolado fin de semana en donde lo único que hice fue comprar una libreta para motivarme. Estaba sentado en la cocina con la mente en blanco, buscaba algo en la heladera, pensaba mucho. Entonces escuché el ruido en el jardín. Después vino otro, idéntico.
    Era el choque entre el banco de cemento mal nivelado contra la pared que estaba frente a mí. Era el golpe que hace cuando alguien se sienta. Kasike empezó a ladrar. Me asomé pero no ví nada. Eran las cuatro. Volví a la libretita.
    Alguien intentó abrir la puerta trasera, me asomé de nuevo. No pasaba nada. Pensé en un perro hasta que alguien intetó abrir la puerta del frente. Se había apoyado como empujándola, estaba con llave. Con un ojo en la mirilla pregunté quien era. Se escucharon pasos que se iban. Sonó un patadón en la puerta del lavadero, corrí desesperado chocándome las sillas. Dudé en abrir. Fue ahí que se empezaron a escuchar aquellos llantos entre puteadas. No me animé a salir. Al rato todo se había calmado. Me quedé despierto hasta que amaneció.

    El golpe del martes me despertó. Eran las cuatro. Y el llanto, esta vez se notaba histerico. Era un llanto de hombre. Sucedió lo mismo, y no salí. Me quedé despierto todo el día hasta la noche, cuando a punto de dormirme se volvieron a repetir las cosas puntualmente a las cuatro.
    Pase horas con el teléfono en la mano todos los días, pero había algo que me impedia llamar: ese llanto, fluido, apagándose junto a los pasos. No sé por qué, una noche, llegué a llorar con él como si fuese mi hermano, o mi padre o mi hijo. Lo sentí tan familiar que no me importó nada, solo arrojarme al piso y llorar con él.
    Fue el sábado que me decidí. Salí por la puerta del lavadero a las cuatro menos veite. Dí unas vuletas por el jardín, hasta llegar a la vereda. Noche de pueblo. Nadie. En cinco minutos complete la vuelta a la manazana. Voví y decidí esperarlo. Me senté en el banco, y miré la hora. Cuando el banco golpeó la pared, el minutero se movió abruptamente marcando las cuatro. Una angustia sobrenatural me languideció, me vació el estómago, me desvaneció. kasike corrió a ladrarme desesperado. Era tarde para conjeturas, la puerta del lavadero se cerró y empecé a llorar.

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