RELATOS

Archivos LPZ: diálogos paranormales con muebles de cocina

In La piedra en el zapato on octubre 12, 2006 at 1:12 pm

Publicado en La piedra en el Zapato nº12, noviembre 2001.

Nadie ha hablado tanto con muebles de cocina como una tía mía que se creía cacerola y que por eso salía a conocer parejas a la alacena más alejada y oscura, un verdadero tugurio en el que, según ella, era posible encontrar pocas sartenes de buenas intenciones. Lo cierto es que los fenómenos de diálogos con muebles de cocina han sido siempre un enigma para los investigadores, por lo que hoy -y a pedido de un extractor- les dedicamos este espacio especial dentro de los expedientes secretos astudillo.

La mesada del horror: Sir Thomas L. Peterson Fernandez, camionero de Cliba y por lo tanto hombre escéptico y distante, había vuelto a casa sobrio y ofuscado por un conflicto laboral. Habríase servido una taza de café y habríalo endulzado cuando de repente y sin citación judicial, la mesada, dice él, comenzó a hablarle de manera irrespetuosa.

-¿Acaso piensas que ser camionero de Cliba es un trabajo denigrante?- le retrucó Sir Thomas.
– No. Lo denigrante es que sigas casado con tu madre, asqueroso bicho repugnante. – dicen que dijo la mesada.

Inmediatamente, Thomas comenzó a darle mazazos a la mesada para que ésta se callara, pero no obtenía otra respuesta que la consabida “sí, sí rudo camionero, !pégame y dime Marta!”. Cuando la madre y esposa de Sir Thomas entró a la cocina y lo vio golpear desaforadamente a la mesada, intentó calmarlo, pero no le creyó cuando él le explicó:
-Estaba tiernizando unos bifes para mañana, mi amor.
La ausencia de todo bife conspiró contra Thomas en la corte, por lo que éste terminó preso. la madre y la mesada se mudaron a una casa más grande y compraron películas de Porcel para mirar juntas en la cocina.


Cuidado con el freezer: Libertad Lamarque, veterinaria de profesión y poeta de vocación, tenía un perro que le decía que el freezer había intentado matarlo varias veces, congelándole la cola. Libertad habló muy seriamente con el freezer e intentó convencerlo de ningún perro merecía semejante castigo, por más que le meara los radiadores. Una noche, llorando, le dijo: -Vamos, eres un Gafa, sólo te pido que comprendas al pobre Pipo. Ella creyó haberlo convencido, pero esa misma noche el freezer caminó hacia la cucha del pipo y fingiendo arrepentimiento imitó un llanto como de descongelamiento. Cuando el pipo se acercó, el freezer lo congeló. Seis meses más tarde, cuando el perro se acercaba a su fecha de vencimiento, Libertad lo descongeló y se lo sirvió con papas a la provenzal. Nadie ha podido dilucidar el misterio de porqué las papas eran a la provenzal.

La bacha bochinchera: A mediados del año pasado fue célebre el caso de la bacha que no paraba de cantar canciones de Tremendo. La dueña de la casa, una mujer que vendía su cuerpo por dinero y tickets canasta, no conseguía plomero que la convenciera de que dejara de cantar o que al menos le enseñara nuevas canciones. Antonio Pedro Paredes, pletórico de felicidad por haber destapado una cañería, logró cierta noche que la bacha se aprendiera una de Carlitos Balá. Uno de los clientes de la mujer, en cambio, hipnotizó a la bacha para que olvidara todo rastro de carlitos Balá. Por último, Carlitos Balá apenas si pudo lavar dos vasos en la bacha, ya que esta comenzó primero por negarle el agua y luego siguió con el clásico golpe de bacha, consistente más que nada en circuncidar al adversario al grito de “¡¿Y, te gusta que te cambien el cuerito, maldito animador de programas infantiles!?”. Aún hoy, si uno pasa por la Castro Barros, puede escuchar “El viento en la playa !Suena tremendo!” con la conmovedora voz como de goteo constante que convirtió a la bacha en la ganadora de dos premios internacionales y medio litro de Odex.

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  1. No me causa gracia. Ni a mí ni a mi mesa de computadora que incluse se siente traicionada y utilizada.

  2. Yo pensé muchas veces algo parecido con el segundo cajón de la cocina de mi vieja; ese cajón es la Caja de Pandora; todo puede aparecer ahí, desde la cucharita casi oxidada en la que nos daban la papilla hasta jeringas de vidrio, pasando por pelusa sedimentada en varias décadas y un fixture de la revista Goles del año 79. Me parece que a medida que uno se adentra en las profundidades del jonca se mete en terrenos cada vez más fantásticos donde todo puede existir; quizás en el fondo se encuentre una puerta a la cuarta dimesión o ya más específicamente aseche el diablo. Por las dudas nunca lo limpié. En el tercer cajón están los manteles; ahí si me hago el valiente

  3. Dice mi alacena que nunca más te va a invitar a tomar la sopa.

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