RELATOS

Quiero ser un Tenenbaum

In Uncategorized on agosto 22, 2006 at 12:48 pm

Publicado en Metrópolis, el año pasado.

Cosas que dan ganas de hacer cuando se sale de ver Los Excéntricos Tenembaum:

Llamar a padre. Perdonarlo por eso de ser un egoísta. Pedirle perdón. Invitarlo a tirarle naranjazos a los autos que pasen cerca de una vereda idílica.
Visitar a madre. Mirar su rostro. Detenerse en sus arrugas. Madre, decirle, ¿por qué carajo no te pareces un poco más a Anjélica Huston?
Congregar a hermanos. Hermanos, decirles, veamos juntos Los Excéntrcos Tenembaum. Después intentemos seguir nuestras vidas, decirles-, como si nada.
Comprar uno de esos pequeños vestidos Lacoste. Regalárselo a novia o vestirse uno mismo con uno de esos pequeños vestidos Lacoste. Ir a fumar a una terraza. Sentir angustia. Ganarse un Oscar.
Ver toda película en que aparezca Owen Wilson y/o su hermano Luke. Incluso ver Legalmente Rubia, sacrificio. Bien los Wilson, decirse a uno mismo.
Recordar la historia de los fracasos personales. Alterar la versión verdadera incluyendo a Margot casándose con otro. Ella tiene la culpa de todo. Ella y sus pequeños vestidos Lacoste.
Agarrar Córdoba así como está, como nos rodea, y reemplazarla por la Nueva York de Wes Anderson. Alquilar una casona en el upper west side (cerca del depto de Seinfeld, de paso), y esperar la magia, los colectivos de la green line que te llevan a todos lados, los bomberos con perros dálmata, la inminente nieve de los cuentos de navidad y el regreso de los halcones que uno cría cuando se enamora de quien no debe enamorarse.
Felicitar al que tradujo el título. Sin saberlo, porque apostó a la excentricidad como sinónimo de rareza, locura y absurdo, dio en el clavo: excéntricos en tanto descentrados y desmesurados, los Tenembaum y todos los que no son Tenembaum pero siempre quisieron serlo, le dan la razón al traductor de una manera extraña, como todo lo que hacemos –después de ver esta película que es un poema eufórico y melancólico- los que siempre quisimos ser un Tenembaum.
Llamar a Tinelli. Hay otra risa, macho –le podríamos decir- que tiene que ver con nuestras incertidumbres y nuestras fragilidades, que no busca la burla ni el chiste fácil. Nunca me vas a hacer llorar, decirle.
Seguir siendo fan de Los Locos Addams, que en materia de familias muy normales lo inventaron todo. Volver a pedirle a madre que haga algo por parecerse a Anjelica Huston.
Comprarse dos joggings adidas. Uno rojo, por supuesto, y el otro negro. Ya sabremos qué ponernos en el próximo funeral.

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