RELATOS

We love Woody

In Uncategorized on agosto 21, 2006 at 5:15 pm

Publicado en La Voz del Interior. 17/08/06.

La construcción del chiste perfecto

“Tu padre nos acecha como un halcón –le dice Magee a Susan– La otra noche, convencido de que tú y yo íbamos a reunirnos en el comedor, se puso en cuclillas con un cojín en el regazo y fingió ser una silla”. Susan, incrédula, exclama: “¡Lo dirás en broma!”. Y Magee sentencia: “¡No! ¡Me senté encima de él!”.

Esto ocurre en una de las delirantes escenas de No te bebas el agua, la primera obra de teatro de Woody Allen, que fue publicada en inglés en 1966 y que en español se trataba hasta ahora de un libro agotado desde 1985. La buena noticia para las huestes de seguidores de este maestro del humor judío y occidental es que Tusquets la reeditó junto a La bombilla que flota (1981), como una especie de previa a la publicación de Adulterios, la más reciente de las obras de teatro de Allen, que será publicada en setiembre próximo.

Adulterios le pondrá fin una sequía de novedades de Woody que lleva ya décadas desde la imperdible reedición ampliada de Cuentos sin plumas, uno de los puntos culminantes de la literatura humorística del siglo 20.

Leer guiones de cine y teatro suele ser engorroso para quien no se dedique al cine o al teatro: demasiadas especificaciones que demoran la lectura, o demasiados diálogos que la apresuran, o la propia dificultad de un código con leyes propias, pueden llenar de escombros el camino de una lectura feliz. Pero ya se sabe: con el viejo Woody estas cosas no pasan. No hay página de No te bebas el agua (llevada al cine en 1969, y a la TV en 1994, con Michael Fox)que no dispare por lo menos tres sonrisas cómplices, y el libro bien podría venir con garantía de risa desternillante.

Un sultán es increpado porque mató a unos obreros que estaban haciendo una huelga en su país. El sultán responde: “Usted no los conoce. Son gentuza. No hay otra manera de enseñarles”.

Hay unas personas intoxicadas por una carne barata que Walter y Marion consiguieron para una fiesta. Marion está preocupada por la posibilidad de que los desgraciados comensales los demanden. Walter dice: “Les vamos a demandar nosotros por escasa resistencia a la carne contaminada”. Marion se resigna y opina: “Demos gracias de que no muriese nadie”. Y Walter remata: “Sí, Marion. Estamos pensando que ése podría ser nuestro eslogan”.


La mecánica de construcción del chiste de Woody Allen hizo escuela, y la dimensión de su influencia en el humor norteamericano de fines del siglo pasado, y por lo tanto en el humor de los países que consumen con fruición ese humor, comprende un abanico amplísimo que va desde el mejor de todos sus continuadores, Jerry Seinfeld, hasta cómicos stand up como Enrique Pinti en la Argentina de los ’90 o Diogo Portugal en el Brasil del siglo 21. Seguramente su influencia en la dramaturgia mundial no es tan amplia, pero es bien claro que Allen es una de las más importantes referencias a la hora de pensar en la comedia blanca y la neo picaresca de temática seudo filosófica con divagaciones en torno de la sexualidad.

Tanto No te bebas el agua como La bombilla que flota presentan, claro, algunas innovaciones formales que a décadas de su escritura ya no resultan tan impactantes. Lo que no pierde actualidad es el delirio, el absurdo, y la admirable capacidad para construir gags y situaciones insólitas del amigo Woody.

La primera refiere las desventuras de Walter y su familia en una embajada norteamericana en un país imaginario. Las complicaciones del asunto llegan a límites descabellados cuando llega un sultán de inolvidable estampa.

La bombilla que flota es menos delirante y coquetea con una poesía sensible cuando relata la historia de un niño mago en el seno de una familia de clase media baja norteamericana que atraviesa una terrible crisis y que no comprende el talento del infante. Se nota que han pasado 15 años de trabajo, con películas como Annie Hall y Manhattan, y que se trata de la obra de un autor que estaba atravesando su mejor momento.

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