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	<title>Agua de oro</title>
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		<title>Agua de oro</title>
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		<title>Mudanza</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Dec 2010 20:19:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Me voy a Tumblr. Es más senciíto. &#160; http://emanuelrodriguez.tumblr.com &#160; Los espero.<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=873&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me voy a Tumblr.</p>
<p>Es más senciíto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>http://emanuelrodriguez.tumblr.com</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los espero.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/aguadeoro.wordpress.com/873/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/aguadeoro.wordpress.com/873/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/aguadeoro.wordpress.com/873/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/aguadeoro.wordpress.com/873/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/aguadeoro.wordpress.com/873/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/aguadeoro.wordpress.com/873/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/aguadeoro.wordpress.com/873/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/aguadeoro.wordpress.com/873/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/aguadeoro.wordpress.com/873/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/aguadeoro.wordpress.com/873/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/aguadeoro.wordpress.com/873/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/aguadeoro.wordpress.com/873/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/aguadeoro.wordpress.com/873/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/aguadeoro.wordpress.com/873/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=873&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Casa Tomada</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Nov 2010 13:57:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Comentario de la última novela de Paul Auster, publicada en la revista CIUDAD X de noviembre de 2010. &#160; La nostalgia y el escándalo ético son las plataformas de intuición de Paul Auster en Sunset Park, una novela en la que el escritor añora la fortaleza económica y sentimental de un país que se derrumba, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=869&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Comentario de la última novela de Paul Auster, publicada en la revista CIUDAD X de noviembre de 2010.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La nostalgia y el escándalo ético son las plataformas de intuición de Paul Auster en<strong> Sunset Park</strong>, una novela en la que el escritor añora la fortaleza económica y sentimental de un país que se derrumba, y patea un par de puertas para que alguien preste atención al efecto devastador de la crisis sobre la intimidad y la dignidad de las personas.</p>
<p>Menos experimental que en sus últimos libros, Auster usa en Sunset Park muchas de sus estrategias habituales -la hiper conexión entre los destinos de los personajes, los cruces de apariencia casual, la indagación interior como forma de ocultamiento y no de revelación, la superposición entre ficción y realidad, el recurso al béisbol como mito de infancia e identidad nacional- pero en un contexto novedoso.</p>
<p>Los personajes de Auster son siempre marginales, pero esa marginalidad, en 14 de sus 15 novelas anteriores, había sido el resultado o bien de la voluntad y la rebeldía –la bohemia-, o bien de un infortunio doméstico o particular –el accidente o el crimen-.</p>
<p>Para los cuatro okupas de Sunset Park, en cambio, y de la misma manera que ocurre en Mr. Vértigo, la marginalidad es una consecuencia directa de la situación política y económica de los Estados Unidos.La novela cuenta las historias de dos hombres y dos mujeres (jóvenes los cuatro) que  ocupan ilegalmente una casa abandonada en los suburbios neoyorquinos.</p>
<p>Uno de ellos, Miles Heller, llega a esa casa escapando de una extorsión, pero en ese mismo acto le pone fin a otro escape: siete años antes, y después de la trágica muerte de su hermanastro, había abandonado su familia, su carrera universitaria y su ciudad sin dar ninguna explicación.</p>
<p>Miles además está enamorado de Pilar, una latina de 16 años a quien conoce porque ambos leen El Gran Gatsby. Es lector de Borges, además, y su hobby es tomar fotos de objetos abandonados en casas desalojadas. Cada uno de sus compañeros de insurrección municipal tiene una historia intensa de lucha a destajo contra la soledad.</p>
<p>Ellen es una artista en busca de un lenguaje expresivo propio, Alice trabaja en Pen, la asociación internacional que defiende los derechos de escritores perseguidos y censurados. Y Bing tiene una banda de música y un Hospital de Objetos Rotos en el que repara todo tipo de antigüedades.</p>
<p>Cada uno parece reproducir alguna de las obsesiones de Auster: su nostalgia, su compromiso con el progresismo político, su amor por los símbolos que se ocultan en los objetos abandonados. Los cuatro le permiten indagar en la precariedad y en la intensidad de los momentos en los que se toman decisiones vitales.</p>
<p>Otros tres completan la trama: el padre, la madre y la madrastra de Miles. El padre se lleva gran parte de la novela y Auster usa anécdotas reales de su propia vida y de la vida de su hija Sophie en la construcción de ese personaje, un editor independiente que lleva adelante la difícil empresa de “publicar literatura en un país donde la gente odia los libros” y que debe, al mismo tiempo, recomponer su empresa y su matrimonio.</p>
<p>La madre es una actriz célebre que también vuelve a NY, casualmente, para interpretar Días felices, de Samuel Beckett (guiño: Paul siempre se opuso a los críticos que lo tildaban de “beckettiano”).</p>
<p>Y la madrastra es una mujer que debe sobrevivir a “un marido muerto, un hijo muerto, un hijastro desaparecido, y un segundo marido infiel”. Su nombre es Willa Parks, el mismo que el de la autora de uno de los 180 relatos verídicos que Auster recopiló en Creía que mi padre Dios.En esa antología, la Willa Parks real –una oyente del programa de radio de Auster- cuenta el día en que se enteró de que su hermano había muerto en la Segunda Guerra Mundial. Esa guerra tiene una presencia especial en esta novela, porque Alice está haciendo una tesis sobre la película clásica Los mejores años de nuestra vida (1946), y a través de esa película el narrador pone al presente y a ese pasado en un laberinto de espejos.</p>
<p>Las observaciones sobre el contexto social y la superposición del tiempo de escritura de la novela con el tiempo en el que transcurre la acción -los años 2007 y 2008- (además de su insólita cercanía con el tiempo de publicación) le dan a Sunset Park un cierto tono de crónica periodística y de furia contra el sistema que algunas pocas veces parece entrar en conflicto con el estilo elegante y seductor del escritor neoyorquino, pero que finalmente encuentra su lugar y su gloria en la forma de los homenajes.</p>
<p>Más que en ninguna de sus otras novelas, el escritor norteamericano construye aquí su canon personal, su propia tradición de escritores, películas y beisbolistas. Es que justamente el cine, la literatura y el béisbol aparecen todo el tiempo como los pilares al menos emotivamente correctos del mito de la grandeza americana, tres artefactos nobles que, en tiempos difíciles y ante la transformación de los Estados Unidos en un “monstruo enfermo y destructor”, ofrecen al menos un techo, una casa en donde se puede tomar un poco de fuerza, recomponer ciertos vínculos, intentar una mínima resistencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<ul>
<li>Sunset Park, por Paul Auster, Anagrama, Buenos Aires, 2010, 288 páginas.</li>
</ul>
<div>
<ul></ul>
</div>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/aguadeoro.wordpress.com/869/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/aguadeoro.wordpress.com/869/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/aguadeoro.wordpress.com/869/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/aguadeoro.wordpress.com/869/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/aguadeoro.wordpress.com/869/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/aguadeoro.wordpress.com/869/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/aguadeoro.wordpress.com/869/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/aguadeoro.wordpress.com/869/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/aguadeoro.wordpress.com/869/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/aguadeoro.wordpress.com/869/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/aguadeoro.wordpress.com/869/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/aguadeoro.wordpress.com/869/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/aguadeoro.wordpress.com/869/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/aguadeoro.wordpress.com/869/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=869&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>25/25</title>
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		<pubDate>Wed, 19 May 2010 18:25:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Terranova me invitó a participar en su hermoso sitio de entrevistas. ¿Qué es lo mejor de trabajar en La voz del Interior? Que las editoriales te mandan libros gratis. Y que Demián Orosz hace los mejores chistes que se puedan escuchar en una redacción. ¿Por qué dejó de salir el suplemento cultural? Es una misteriosa [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=863&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Terranova me invitó a participar en su hermoso sitio de entrevistas.</p>
<div><strong>¿Qué es lo mejor de trabajar en La voz del Interior?</strong></div>
<div>Que las editoriales te mandan libros gratis. Y que Demián Orosz hace los mejores chistes que se puedan escuchar en una redacción.</div>
<div></div>
<div><strong>¿Por qué dejó de salir el suplemento cultural?</strong></div>
<div>Es una misteriosa decisión empresarial. Mi versión de los hechos es que cuando pensaron en el rediseño del diario simplemente se olvidaron del suplemento cultural, como una familia que se muda y se olvida un mueble. O como un velorio en el que se olvidan del muerto.</div>
<div></div>
<div>El resto, <a href="http://sites.google.com/site/25preguntas/25/emanuel-rodriguez" target="_blank">aquí</a>.</div>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/aguadeoro.wordpress.com/863/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/aguadeoro.wordpress.com/863/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/aguadeoro.wordpress.com/863/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/aguadeoro.wordpress.com/863/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/aguadeoro.wordpress.com/863/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/aguadeoro.wordpress.com/863/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/aguadeoro.wordpress.com/863/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/aguadeoro.wordpress.com/863/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/aguadeoro.wordpress.com/863/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/aguadeoro.wordpress.com/863/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/aguadeoro.wordpress.com/863/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/aguadeoro.wordpress.com/863/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/aguadeoro.wordpress.com/863/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/aguadeoro.wordpress.com/863/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=863&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Che Culiau&#8217;</title>
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		<pubDate>Mon, 10 May 2010 20:57:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta nota salió publicada el domingo 9 de mayo en La Voz del Interior. Todas las calles del centro tienen nombres de obispos, el otoño es cruelmente frío y en una de las últimas cuadras de la ciudad vive la familia Moli. En Villa del Rosario la gente habla rápido, con una ligera tendencia a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=856&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta nota salió publicada el domingo 9 de mayo en <a href="http://vos.lavoz.com.ar/content/mundo-mole" target="_blank">La Voz del Interior</a>.</p>
<p>Todas las calles del centro tienen nombres de obispos, el otoño es cruelmente frío y en una de las últimas cuadras de la ciudad vive la familia Moli. En Villa del Rosario la gente habla rápido, con una ligera tendencia a aplastar las eses contra los dientes. Hay bares muy parecidos entre sí, con esa clase de mesas y sillas que parecen no haber sido nuevas nunca. En esas sillas se sientan hombres que prefieren el vino con soda, algún juego de naipes, la tele prendida para que haga ruido. Se concentran en la mano de cartas, de vez en cuando se ríen de algo, sin demasiado estruendo. Hasta que en la pantalla aparece Fabio Moli hablando con Jorge Rial y uno dice, medio de relajo: “miralo vo&#8217; a ese culiau”.</p>
<p>La casa de los Moli está en un barrio humilde del pueblo y no se destaca demasiado. Bajo el techo construido por las mismas manos del boxeador vive “La Negra”, primera novia y esposa de “La Mole”, y cuatro de sus cinco hijos. La mayor, que ya tiene un hijo propio, vive a pocas cuadras. No les gusta salir en fotos, y reciben a la prensa con una mezcla de extrañamiento y cansancio, con amabilidad, claro, pero también con un recato particular. No es recelo: la familia no expone su intimidad, pero es más por no considerarla demasiado interesante que por algún tipo de prurito de privacidad. Ya están acostumbrados a que el padre aparezca en los medios, y aunque ahora la escala de esa exposición se haya multiplicado, la cosa sigue siendo más o menos igual: “sigue siendo el viejo… ese viejo culiau”.</p>
<p>En el bar tampoco hablan mucho de Moli. Ninguno niega el cariño, dan por sentado que está todo bien. Pero hay algo como de resignación en el tono. Como si al mismo tiempo que dijeran que lo quieren, estuvieran admitiendo que lo disculpan. Sucede que La Mole tiene un vasto prontuario de “moquero”, un legajo de descontroles de juventud que pone al pueblo ante una disyuntiva: quererlo por lo que es desde hace poco más de 10 años, o preferirlo lejos por todo lo que Moli fue hasta que dejó el alcohol. La balanza se resuelve para el lado de juntarse todos a verlo bailar, reírse un poco de la situación y seguir la vida, ver qué viene en la próxima mano de cartas y hacerle señas al mozo para que renueve la soda. “Uno lo va a querer siempre, porque es de la Villa&#8230; porque uno lo ha visto crecer a ese culiau”.</p>
<p><strong>Lo contrario del eufemismo<br />
</strong>¿Hablan todos como él, o cuando hablan de él se adaptan a ese registro insistente en el uso del “culiau”? Como una especie de epidemia simpática, la palabra más cordobesa del diccionario del insulto se esparce ahora por la televisión y por los videos de YouTube con más benevolencia que escándalo, con esa simpatía especial que despierta el lenguaje atolondrado del boxeador, su capacidad particular para encontrar lo contrario de un eufemismo cada vez que habla. Fabio Moli acierta, cada vez que quiere decir algo, con la manera más escatológica posible de decirlo: no tiene miedo de volar, se “baña en bosta” cada vez que se sube a un avión, no dice que es un hombre fiel, dice “ninguna cajeta me va a sacar de la cabeza a mi negra”.</p>
<p>La Negra, mientras tanto, lo mira por la tele a un volumen atronador.</p>
<p><span id="more-856"></span></p>
<p>El aparato gigantesco está rodeado de fotos que recuerdan la época más activa del Moli boxeador, retratos en los que La Mole sale siempre con la boca bastante abierta, con ese gesto indescifrable entre la mirada vacuna y el examen de quien mide la distancia necesaria para pegar una trompada. En otras fotos aparece sonriente, al lado de su hija en un cumpleaños de 15, o junto a su esposa, en la fiesta de casamiento.</p>
<p>En ninguna de esas celebraciones el boxeador bailó: “me hice sacar fotos parado, quietito&#8230; siempre fui de madera para el baile”. Todos se ríen un poco nerviosos ahora que medio país habla del movimiento de pelvis de La Mole, como si no pudieran evitar el chiste sexual que sugiere ese cuerpo de más de 100 kilos con sus novedosos movimientos. Y de hecho nadie lo evita: él mismo sale en televisión nacional diciendo que la Negra le exige repetir el perreo cama adentro, y evaluar en la intimidad aquello a lo que el jurado de ShowMatch le ha puesto notas como de prueba escolar.</p>
<p><strong>Gringo vivo<br />
</strong>Ni familia ni pueblo temen por él: es un gringo vivo, se confía en su fortaleza con la misma seguridad de quien siembra soja en los alrededores. Se sabe que hay buen suelo, que el piso desde el que La Mole coquetea con la farándula es firme. “Yo estoy bien parado, yo sé muy bien para qué quiero esto: no voy a pelotudear, ni nada de eso, yo voy, disfruto, junto un poco de plata que me ayude y me vuelvo a ‘las casa’”.</p>
<p>Da la sensación de que la lección más importante que le dio el boxeo a Moli es la capacidad de controlarse: primero, controlar esa masa descomunal de hueso y músculo, medir la distancia y la violencia de sus golpes, la fuerza de sus piernas. Después, a controlar el desenfreno, medir la conducta fuera del ring, aprender a pararse. Algo de ese aprendizaje se traduce ahora en una sorprendente elegancia de bailarín, en la delicadeza con la que trata a su “soñadora” Mariana Conci  y en la tosca precisión de sus movimientos. No está en su medio natural, no se mueve en su elemento, pero en lugar de demostrar alguna incomodidad al respecto, parece haber entendido que la clave está en contaminar ese mundo nuevo con su propio espíritu. (Ver “Día de entrenamiento”, página 6) Su estrategia no es encajar, sino que el mundo se adapte a él. ¿Cómo le va en ese juego? Ver a Tinelli repitiendo “ese culiau” puede ser una respuesta.</p>
<p><strong>Lengua madre<br />
</strong>El último en llegar para la foto familiar es Leonardo Fabio.</p>
<p>Probablemente media Córdoba lo recuerde como aquel nene desbordado por la emoción de ver caer a su padre por televisión, durante los dramáticos minutos que duró la pelea contra Vladimir Klitschko. El tiempo obró en aquel nene un trabajo de moldeado a imagen y semejanza de La Mole: la misma cara, el mismo gesto boquiabierto, la promesa de la misma altura y, por supuesto, el mismo lenguaje: “Si serán culiau ustedes, que lo dejan afuera al otro culiau”, dice, con compasión por el chofer del diario que espera en la vereda al cronista y al fotógrafo.</p>
<p>“Viene todo el mundo, ahora. Yo ni les abro. Les abrí a ustedes porque el Fabio me avisó que iba a venir uno de La Voz, de barbita y cara de gay”, explica La Negra. Jerónimo despliega los dibujos que sus compañeritos de jardín de infantes hicieron para su padre.</p>
<p>Leonardo Fabio se sacude la cal que acumuló en la obra: dejó el colegio hace dos años, y su padre no le dio más opción que trabajar. Después de las fotos se va a la práctica de fútbol. Juega de nueve en el club Polideportivo, y ya aprendió la primera lección Moli del deporte:<br />
“si juego el sábado, los viernes no salgo”.</p>
<p>La Mole tiene un latiguillo: a cada persona que saluda le dice “mi negro”, o “mi loco”. Se los apropia, los incorpora a un mundo en el que el respeto se impone hablando rápido y con el torso hacia delante.</p>
<p>Despierta una doble sensación de ternura y sumisión, porque es de esa clase de personas que hacen de la humildad su fortaleza, pero que también le asignan a esa misma humildad una naturaleza como de ley, una clave que divide a las personas entre los que son “buenos changos” y los que son “una mierda de tipo”. Y carece de prejuicios: su primer acercamiento es abierto, confía en que el otro “tiene buena leche”. Si después las cosas salen mal, será problema del otro. Un problema de 120 kilos.</p>
<p>En un comedor sobre la ruta seis hombres hablan de los beneficios de la achicoria. En la tele, Banfield pierde contra el Inter, o alguien vende aparatos para reducir la grasa abdominal. “Poné Tinelli”, le piden al cantinero. El dueño avanza hacia el televisor condescendiente pero refunfuñando. “Vamo a terminá bailando todos como John Travolta, gracias a este culiau”.</p>
<p><!--more--></p>
<p>Nota Relacionada:</p>
<p>Día de entrenamiento</p>
<p>Fabio Moli se despierta a las seis de la mañana. De lunes a viernes vive en Córdoba, cada 15 días viaja a bailar a Showmatch y los fines de semana los pasa con su familia y con su amigo Juan Díaz, en Villa del Rosario.</p>
<p>A las siete ya está junto a su entrenador en el Parque Sarmiento.</p>
<p>Corre una hora, hace un poco de guantes en preparación para su pelea del viernes 14 en Pilar, contra Ezequiel “Chiquito” Zárate, y después se va a la academia de su coach Yanina Colomé, en barrio Jardín. Allí lo espera su soñadora, Mariana Conci.</p>
<p>Elonga, se queja de que no consigue sparring (el único en Córdoba capaz de soportar sus golpes cumple una condena de cinco años en la cárcel) y tira chistes. Todo el tiempo. Cuando la rutina sale mal, le echa la culpa a Mariana y pide empezar de nuevo “de arrancada”. Cuando Yanina le sugiere ciertos movimientos, su principal preocupación se expresa en una pregunta recurrente: “¿no quedo muy putazo, así?”.</p>
<p>Aprende rápido, sabe controlar su cuerpo para frenar donde debe frenar, gira, avanza y retrocede con movimientos precisos. Lo único que parece escapar a su dominio es la mirada, que, contra los consejos de la entrenadora, insiste en fijarse en las curvas de la cola de la bailarina. Mariana lo soporta con gracia de princesa, dosifica el castigo con algún mínimo reproche o con su arma más poderosa, sus ojos claros. Entonces él le ruega: “no me pimpinié&#8217; con lo&#8217;ojo, que me descroncetrai”.</p>
<p>Bella y bestia en una coreografía de los extremos: de la sonrisa redonda de Moli al gesto de fina elegancia luminosa de Mariana parece haber una distancia infinita, pero boxeador y bailarina ponen algo más que el cuerpo para salvarla, una especie de energía sumamente alegre.</p>
<p>El resultado es gracioso al principio, seductor por parte de ella y tierno por parte de él, una combinación emotiva de belleza, voluntad e ingenio.</p>
<p>Cierta tensión erótica es inevitable: la cordobesa de 19 años es una bomba, y a la Mole no se le escapa una: “¿Viste cómo se besaron anoche la Escudero y el otro? Me parece que nosotro’, algún beso nos vamo’ a tené que dar”&#8230;<br />
Suena el teléfono de Moli y Mariana se queja por la interrupción del ensayo. La Mole la mira, abre los brazos, echa el torso para atrás como quien le da lugar a lo evidente y exclama “es Rial, culiada&#8230; ¡no le puedo decir que no!”.</p>
<p>Nota realacionada:</p>
<p>Contra las cuerdas.</p>
<p><strong>–¿Cómo comenzó todo esto? </strong><br />
–Yo estaba con Moria y Garbellano, en Carlos Paz, y Tinelli lo llamó al gringo Dáscola, mi representante. Al principio dije que no, pero después la Negra me convenció. &#8220;Ahí tenés que estar&#8221;, me dijo.<br />
<strong>–¿Cuáles eran tus antecedentes en la danza?<br />
</strong>–Tengo 40 años y no había bailado nunca. <strong><br />
-¿Ni el vals en tu casamiento? </strong><br />
–Ni eso. Cuando mi hija cumplió los 15 me quedé parado. Me sacaban la foto duro ahí.<br />
<strong>–¿Cómo fue el primer entrenamiento? </strong><br />
–Le pedí paciencia a la <em>coach</em>. Le dije: “no quiero que me puteen ni que me rompan los huevos, yo soy muy bueno pero  si me agarra la mala me voy a la mierda”. Ella me dijo que me quedara tranquilo, y me demostró que es una mina bárbara, divina, paciente. Y muy positiva.<br />
<strong>–¿Estás entrenando más que para pelear? </strong><br />
–¡Pero claro! Antes salía a correr una hora y me volvía a las casa&#8217;. ¡Ahora estoy cuatro horas acá!<br />
<strong>–Tenés una pelea en agenda…</strong><br />
–Sí, el viernes 14, contra el chico Zárate, que viene invicto.<br />
<strong>–¿Le vas a quitar el invicto o lo vas a invitar a bailar?</strong><br />
–¡Noo! Nosotros sabemos que nos tenemos que cagar a trompadas.<br />
<strong>–¿Le tenés miedo a la fama?</strong><br />
–Tengo bien los pies sobre la tierra, mi negro. A mí no me maneja nadie.<br />
<strong>–¿Y no te tientan los excesos, las mujeres que trae la fama? </strong><br />
–No hay como mi Negra, loco. Hace 22 años que estoy con ella, tengo mis hijos, y ninguna cajeta en el mundo me va a sacar la idea de mi mujer.<br />
<strong>–¿Y qué les dirías a todos los mediáticos con los que te cruzás ahora?<br />
</strong>–Que tienen que ser más humildes. Ta bien, ellos se pelaron el culo para estar donde están, pero ellos están y viven gracias a la gente. La gente les da de comer.<br />
<strong>–¿Cuánto le debés vos a la gente? </strong><br />
–Yo siempre digo que soy 30 por ciento obra del doctor Sodero, que fue el que me descubrió, un 30 por ciento lo hicieron ustedes, los periodistas, y el otro 40 por ciento se lo debo a la gente, a los que iban a pagar la entradita para verme pelear.<br />
<strong>–¿Cuándo se olvidan los famosos de la gente? </strong><br />
–Cuando le dan vuelta la cara. A la gente hay que cuidarla siempre. No sólo cuando la necesitás para que te llene el teatro. Vo&#8217; tené que cuidar a la gente “andés o no andés”.<br />
<strong>–La gente te reconoce un poco más , ahora?</strong><br />
–A mí siempre me han reconocido, no tanto en Buenos Aires, pero acá sí.<br />
<strong>–¿Y ahora, en Buenos Aires?</strong><br />
–¡Ahora sí! Voy por la calle y todos me dicen “¡eh, culiau!”, “¡chau, culiau!”&#8230; Les he pegado el “culiau” a todos los porteños.<br />
<strong>–¿Por qué no viajás en avión a Buenos Aires? </strong><br />
–Porque me baño en bosta. Me cago todo. Es una cosa que no te das una idea cómo sufro.<br />
<strong>–¿Y no te ofrecieron pagarte alojamiento en Buenos Aires?</strong><br />
–¡Me ofrecieron todo! Son muy buena gente, me pagan todo&#8230; pero yo no quise. Yo no dejo Córdoba.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/aguadeoro.wordpress.com/856/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/aguadeoro.wordpress.com/856/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/aguadeoro.wordpress.com/856/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/aguadeoro.wordpress.com/856/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/aguadeoro.wordpress.com/856/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/aguadeoro.wordpress.com/856/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/aguadeoro.wordpress.com/856/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/aguadeoro.wordpress.com/856/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/aguadeoro.wordpress.com/856/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/aguadeoro.wordpress.com/856/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/aguadeoro.wordpress.com/856/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/aguadeoro.wordpress.com/856/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/aguadeoro.wordpress.com/856/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/aguadeoro.wordpress.com/856/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=856&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">Emanuel</media:title>
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		<title>Margaritas. Cuento completo.</title>
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		<pubDate>Sat, 27 Feb 2010 22:53:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[A propósito del video que Carla subió a su blog. Margaritas Octubre 25, 2007. -Hola María Rosa. ¿Cómo te va? -Mal. -¿Qué tenés? -Cáncer. Por eso te venía a decir dos cosas. Que no te voy a hacer la torta para el sábado, y que necesito que me pagues la deuda. Un día después del [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=853&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>A propósito del video que Carla subió a su <a href="http://oooo-hhhhh.blogspot.com" target="_blank">blog</a>.</p>
<h1><strong>Margaritas</strong></h1>
<h2>Octubre 25, 2007.</h2>
<p>-Hola María Rosa. ¿Cómo te va?<br />
-Mal.<br />
-¿Qué tenés?<br />
-Cáncer. Por eso te venía a decir dos cosas. Que no te voy a hacer la torta para el sábado, y que necesito que me pagues la deuda.<br />
Un día después del diagnóstico mi mamá ya le estaba sacando rédito.<br />
Yo tuve que dejar el diario y todo lo demás para venir a verla. Cuando llegué estaba sonriendo. No va a pasar nada, nene. El problema es que la palabra es muy fea. “Cáncer”. Es horrible.<br />
-Le digamos “margaritas”.<br />
La segunda rectoscopia la agarró canchera. Le llevó un presente a la doctora. Una estampita de San Expedito. “Si se la pasan oliendo gases…”. Mis hermanos y yo estamos cinco veces más asustados que ella.<br />
La van a operar, la tienen que operar con urgencia. Le dijeron que por favor no se mueva, que haga reposo. Pero está haciendo de comer. No puede parar de cocinar. La casa hierve. Afuera, la capital de La Rioja es un infierno, y la casa de mi madre es un sauna dentro de ese infierno.<br />
De La Rioja, me doy cuenta de que me había olvidado: los nombres de las calles, cómo se llega al Hospital y lo insoportable que es el sol. Y la energía que le pone mi mamá a las cosas.<br />
¿Hasta qué limites la intimidad de las personas puede ser interesante?<br />
Escribo sobre mi madre porque en dos días me enseñó algo que acaso necesito traducir.<br />
Mi madre guiñándome el ojo tras decirle a la mujer morosa que en unos días le van a extraer una sección de su intestino y que por eso sería conveniente que, vamos, le pague la deuda. Mi madre buscando la alegría de los demás. Ahora le está haciendo una torta a la doctora que le llenó de gas el vientre para ver qué onda. La torta es de chocolate. La veo decorar su regalo y no entiendo algo que sé que me está transmitiendo. Algo que tiene que ver con el amor.<br />
Los trabajos de mi madre: bancaria, fabricante de abanicos de Loco Mia, vendedora de seguros, panadera, vendedora de agua potable, carnicera. En todos sus empleos fue feliz y después quebró. Ahora hace viandas de bajas calorías para unas 20 personas que le escriben mensajes en el dorso de los folletos: gracias María Rosa, estaban riquísimos. O “La próxima vez ponele menos cebolla porque si no después no puedo cagar”. Y de jueves a sábado abre una lomitería que se llama como el minimarket de mis hermanos, 2014. Le pusieron ese nombre porque quieren que el negocio les permita viajar a ver el Mundial de fútbol en Brasil, en el 2014. A mi mamá le parece un gran sueño.<br />
Mis amigos rezan por ella. Me llaman por teléfono y ella sonríe. Le cuento que mis amigas sabían que ella estaría tal como está ahora, haciendo chistes sobre la especie de papa maligna que tiene atravesada en la cañería. A veces hace chistes que no le entiendo pero igual me causan gracia. Por ejemplo ahora tiene una muletilla: dice “la guitarra de Lolo” para describir situaciones. No sé qué situaciones, aún no he logrado establecer un patrón.<br />
Recién hablaba de un hombre y me dijo: “No es exactamente como la guitarra de Lolo pero es algo parecido”.</p>
<p><span id="more-853"></span><br />
Hace mucho calor aquí. Es una versión demoníaca del calor. Los ventiladores escupen un aire que parece salir de un horno de panadería. Mi mamá de vez en cuando se sienta y se abanica con unos papeles en los que escribe frases que le van gustando. El que tiene ahora mismo en la mano dice “La voluntad de Dios no me llevará donde la gracia de Dios no me pueda proteger”. “¿Y? ¿Qué onda tu mami?”, me pregunta mientras me acerca una cuchara. Lo que sea que está cocinando está delicioso y se lo digo. “Y eso que tengo margaritas en el culo”, me dice.</p>
<h2>Octubre 29, 2007</h2>
<p>Ayer voté por Pino Solanas mientras madre descansaba en una cama, lejos de su cocina, viendo por la tele que su candidato tampoco tendría chances. Ella fue de las primeras en votar a Lavagna: llegó, discutió con alguien y volvió a la cama. Tuvo todo el tiempo el celular en la mano, para indicarle a mi hermana cómo se hacen las ensaladas, y cómo se pone en remojo el trigo burgol. Se tiene que tranquilizar, porque hoy le llenan la panza de un líquido que nos va a dar más precisiones sobre las dimensiones del ramo de flores que le está tapando un caño. Pero no puede quedarse quieta. Me acuesto a su lado y me da la mano. Opina sobre la política nacional. Le cambió de canal y en Fox están dando Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Le digo que es probablemente la película que más me haya gustado. Le va a pedir a mis hermanos que se la alquilen. Cambiamos de canal.<br />
Me doy cuenta de que no sé muy bien qué tipo de películas le gustan a mi mamá. Tampoco sé mucho de otras cosas. Pienso que he sido feliz viendo Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y pienso también que no sé qué cosas hacen feliz a mi mamá. A veces es feliz por sus cinco hijos, por las cosas que a veces nos salen bien. Se puso contenta cuando entré a trabajar en el diario, por ejemplo. Y una vez la vi llorar porque creyó que yo era abanderado. Fue en el jardín. La verdadera abanderada estaba bailando folklore. Era un acto del 9 de julio. Yo nunca tuve talento para esas cosas, así que estaba al costado, detrás de la señorita. Cuando empezó el cuadro de baile, la abanderada le dejó la bandera a la seño de mi sala, moño fucsia, jardín Manuel Lucero, la salita al frente del arenero, había una tortuga en el tobogán. Cuando terminó el cuadro de baile terminó también el acto. Sonó la marcha para que se retire la bandera. La seño miró para atrás. Me dio la bandera y me dijo que vaya a dejarla a la cooperadora. Yo salí, escoltado por otros dos. Miré hacia la izquierda y vi a mi mamá llorando. Pegó un grito de alegría. “Mi hijo”. Mi abuela la acompañaba. “Mi hijo es abanderado”. Cuando salí del jardín mi madre me fusiló a besos. Yo no le expliqué nada. Recibí el cariño, las felicitaciones, el premio. Me llevaron a tomar un helado a Gatelín. Yo sabía que estaba mintiendo. Lo sabía muy bien. Igual me tomé el helado. Más de dos décadas después no tengo idea de qué haría feliz a mi madre. Sus amigas la rodean y la veo reír. Preparan un viaje a Salta, para visitar a una virgen.<br />
Viajé de vuelta pensando en las cosas que no sé de mi mamá. Por ejemplo, cuántos años tiene. Nació en el 56, pero para mí siempre tendrá 26, que es la edad que tenía cuando la vi llorar de alegría.</p>
<h2>Noviembre 2, 2007. La traductora de flores.</h2>
<p>Llegué unos minutos antes que ella. Me atendió una secretaria y me senté. Noté que el lugar era cálido pero no presté atención a la decoración ni a los cuadros. La vi bajar del taxi, acompañada de su hermana. Acá está mi hijo, dijo al entrar. Traía unos sobres con radiografías. Llenamos la ficha de admisión y volvimos a sentarnos. Ella se sentó al frente de mí. Me miró la cabeza. Pensé que vendría algún comentario sobre el peinado. Pero ella siguió mirando. Yo le estaba estudiando los gestos. Habíamos hablado mucho estos últimos días. Habíamos acordado que no le íbamos a decir cáncer a eso que tiene a 13 cm de su culo. En unas semanas la hija de mi hermano cumple años y hay una fiesta de disfraces. Mi mamá ya sabe que se va a disfrazar de margarita. Antes me había mandado a buscar uno de esos delantales que tienen estampado el torso de una mujer desnuda. Mi madre comenzó a sonreír. Me señaló con los labios y con un ligero movimiento el cuadro que estaba encima de mi cabeza. Era un campo de margaritas. Todo está conectado, me dice. Todas las flores del mundo me están diciendo que me voy a poner bien.</p>
<h2>5 de noviembre de 2007. Parapente</h2>
<p>Mi mamá quiere hacer parapente. El médico le dio fecha de operación para dentro de un mes. Es una operación con riesgo de vida, le dijo. Te recomiendo que en este mes hagas todo lo que quieras. Parapente, Julito, quiero hacer parapente. Hacé lo que quieras. Media hora antes mi mamá salía de la anestesia total. Cantaba. Mi tumor es como esa canción. Malo malo malo eres. Había comprado 30 pesos de margaritas. Pidió hablar con mi hermano, que la esperaba en La Rioja. Marcos, dijo, hacé los pozos en el patio. Después nos mostraron el video. Era como esas películas de terror en las que la cámara está en el punto de vista del protagonista y avanza por túneles tenebrosos y húmedos. De repente las paredes se ponen negras. Malo malo malo eres. También tiene dos naranjas en el útero. Así que en un mismo corte sale todo. Mi mamá me aprieta la mano. Por fin llora. Le pregunta al médico por qué. Es genético. Tus hijos deberían revisarse sí o sí a partir de los cuarenta años. Mi mamá me mira: te quedan diez años de virginidad en el culo. Después piensa un instante. Bueno, dice, yo creí que no les iba a dejar nada de herencia. Yo hago silencio o digo cosas inapropiadas. No sé qué se puede decir, aunque hace días que sólo pienso en palabras que me expliquen la situación. Le aprieto la mano. Una tomografía más y al cuchillo, le dice Julito. Lo llamo a mi hermano. Le pregunto si conoce algún profe de parapente. Mi hermano me dice que sí, claro, pero no pregunta para quién ni qué nos dijo el médico. Ya sabe. Yo la voy a acompañar, me dice.<br />
Van a volar por encima de una ciudad ardiente. Van a ver desde el cielo el lugar donde viven desde hace 15 años. Dicen los que lo han hecho que hay paisajes increíbles. La ladera de las sierras del Velazco, los abismos entre las montañas. Mi mamá quiere ver todo eso pero no le importa tanto como pasar por encima de su propia casa, ver su patio, sobrevolar sus margaritas.</p>
<h2>Noviembre 9, 2007. San Expedito</h2>
<p>Sin saber nada más que el diagnóstico, una tía de mi madre le regaló 30 estampitas de San Expedito. Mamá las guardó en la cartera y me esperó en la casa de sus padres. Cuando llegué me las mostró. Mirá. Ella le había regalado una estampita de San Expedito a la doctora que le hizo las primeras rectoscopias, pero lo había hecho como un chiste. Decía que la doctora se la pasaba oliendo los pedos de los pacientes después de inflarles el intestino con gas, así que el santo de ese tipo de médicos tendría que ser, por necesidad nominal, San Expedito. A mí me parecía un mal chiste, pero yo hago ese tipo de juegos de palabras casi como un medio para ganarme la vida, así que no le dije nada y me reí. Dos semanas y tres tumores después, una tía de mi madre le regala una estampita de San Expedito. Todo está conectado, me dice mi mamá. Y me muestra la estampita. Es el santo de las causas urgentes. De la Pronta Solución. De los difíciles problemas que nos quitan el sueño. Es el santo de los desesperados. Ayer mi madre estaba comprando témperas para pintar lámparas y en el negocio había folletos de San Expedito. De repente se lo cruza en todos lados.<br />
Ahora le reza y reparte su imagen. Yo estuve a punto de decirle lo que le digo siempre, que no creo en esas cosas. Sin embargo me guardé la estampita en la billetera, en silencio.<br />
Mis compañeros del diario hicieron una colecta y juntaron exactamente lo que nos faltaba para el plus de uno de los cirujanos. Todo está conectado, dice mi mamá. Ayer volvió a La Rioja. La operan en un mes. Dice que vuelve con tortas de chocolate para el diario y tortas de chocolate para mis amigas. Su manera de decir las cosas es con tortas de chocolate.</p>
<h2>Noviembre 21, 2007. Artefacto</h2>
<p>Mi mamá alzó a su nieta y se metió en el castillo inflable. Los invitados llegarían en una hora. Jugaron todo ese tiempo. Dos nenas rubias flotando a medio metro del suelo. Después se fue a su casa, a vestirse con el disfraz. Lo había hecho ella misma, no sé cuándo porque vive en la cocina. Salió de la casa transformada en una margarita. Tiene una Suzuki 50 cm3 que hace un ruido de espanto y que no tiene más cuadro que un caño entre el manubrio y el asiento. Una flor a 30 kilómetros por hora bajaba la ladera de las sierras riojanas. Una flor sonriente. De vez en cuando siente dolores insoportables y sólo piensa en el día de la operación. Después del 5 de diciembre no tendrá más cáncer, aunque nadie que la viera bajando en moto y disfrazada de flor por las calles de La Rioja podría decir que ahora lo tiene. Baja de la moto y entra a la fiesta, ya repleta de invitados. Grita de alegría. Su nieta la rodea, no lo puede creer: una mujer amarilla rodeada de pétalos tiene la cara de su abuela<br />
y la sonrisa como una galaxia en expansión. Es una manera de aprender algo. Me llama por teléfono y me lo cuenta: acaso esté llorando. Yo la escucho, trato de que cada una de sus palabras me quede como una foto en la cabeza. Le digo las cosas de siempre, que la quiero y que todo va salir bien. Mañana pasa un equipo de gente por su casa, la suben a una camioneta, a una montaña y a un artefacto alado. Va a hacer parapente. Es otra manera de aprender.</p>
<h2>Noviembre 26, 2007. Velocidad.</h2>
<p>Voló durante una hora. 51 años y cuatro carcinomas invasivos. ¿Qué parte de mi mamá despertó el diagnóstico del médico? ¿Hubiera saltado en parapente, y volado una hora sobre las sierras riojanas, hubiera abrazado al instructor y sonreído hasta dormirse, mi mamá, si no le hubieran dicho que el 5 de diciembre enfrentaría una operación riesgosa? La intensidad del miedo es la medida de su vitalidad. Un rato antes de que la pasaran a buscar le avisaron que podría dejar de alquilar. Una casa propia, un plan de vivienda: mi mamá hizo la cuenta y le dio más de 30 años de alquilar casas, departamentos y negocios. “Una buena”, dijo, y se puso el traje para saltar en parapente. Ha construido en menos de un mes el resumen de sus virtudes, y viaja en 4 x 4 hacia la cima del cerro. El instructor le da las pautas. No hay temor en la cara de mi mamá, aunque sí nerviosismo por la inminencia de una sensación de poder. Salta. Se mantiene en el aire, detenida por las corrientes de viento. Sonríe inmensa, eternamente. Pasan los 15 minutos acordados, pero el instructor la ve feliz y también disfruta. Le regala<br />
un rato más, 45 minutos más. Mi mamá ve dos cóndores que vuelan cerca. Uno le pasa por arriba, otro por abajo. Ve la ciudad, el llano, el río seco. Ve el cielo más cerca, la cima del cerro desde arriba, sus nietas. No sé qué habría pasado conmigo si hubiera crecido con la imagen de mi abuela haciendo parapente. Acaso sabría, entonces, el significado de la sorpresa en el rostro de mis sobrinas. Baja y abraza a su hermana. Un tejido se recompone en el límite de las cosas. Mañana llega a Córdoba. Pasado mañana necesitaremos donantes de sangre y una máquina que se llama sutura mecánica. En unos días Julito, su doctor, le va a sacar cosas que le hacen mal: tumores, órganos inútiles y 51 años sin volar en parapente. El día del vuelo me llamó. “Después de la operación me tiro en ala delta”, me dijo. Me acordé de ella haciendo pan, vendiendo seguros, haciendo ladrillos en un terreno desierto y caluroso. De ella cocinando, de ella limpiando la casa. Me acordé de ella en la tierra. Cuántas cosas que no sé de vos, le dije. “Me faltó velocidad”, me contestó.</p>
<h2>Noviembre 28, 2007. Cigarrillos</h2>
<p>Una amiga de mi madre la visitó en la casa de mi abuela. Le llevó una foto de juventud: mi madre a los 20 años. Yo no había visto fotos de mi madre joven. Sí de cuando era niña, en unos cuadros muy feos de retratos de bebés que después fueron mis tíos, tías y mamá, y que se parecen a mis sobrinos y a mis hermanos. Pero no había visto fotos de ella cuando era joven.<br />
Ni siquiera me la había imaginado joven. Para mí siempre fue una señora preocupada en darnos de comer y que no se esforzaba lo suficiente para comprarme zapatillas Nike. Creo que nunca había asociado la belleza a la imagen de mi madre, por ejemplo. Cuando su amiga me mostró la foto se abrió un abismo. Mi mamá, 20 años, vestida como una adolescente, con una etiqueta de Marlboro en la mano. Yo no sabía que mi mamá alguna vez había fumado cigarrillos con cierta onda. Recuerdo haber ido a comprarle Chesterfield, primero, y Parliament, cuando la plata alcanzaba para una sola etiqueta y se impuso la elección de mi padre. A veces fumo Parliament: la etiqueta azul y blanca me hace acordar a las veredas de Tablada Park y los quioscos en los que compraba los cigarrillos para él. A veces le daba la etiqueta abierta: me gustaba sacar la tirita del celofán con el gesto adulto con el que lo hacía mi padre, y golpear el paquete contra una mesa o el borde de la silla, despacito, para que el tabaco se asiente. En la foto, mamá tiene una etiqueta de Marlboro y 20 años. Le falta un año para casarse y dos para parirme. Pienso que no he visto a mi madre tan bella nunca porque nunca la he visto tan feliz. La foto es en blanco y negro, de cuerpo entero. Las piernas de mi madre son las piernas de una chica. La camisa, el pantalón, estudio la ropa que tiene puesta mi mamá en la foto, el gesto de sus manos. No está posando, está riendo, como si alguien le estuviera diciendo que es hermosa o que parece Brigitte Bardot, con ese paisaje al fondo. Primero yo y después mis cuatro hermanos. Y mi padre. Creo que nos llevamos entre todos la alegría que tiene mi mamá en esa foto, y que 30 años después parece recuperar, por el miedo que le vino después de que le dijeran que todos sus anteriores problemas<br />
eran pequeñeces: señora, tiene un tumor maligno en el colon. Conocí a su mejor amiga el día de la foto, en la casa de mi abuela. Tengo 29 años y jamás había hablado con la mejor amiga de mi madre. Ni siquiera sabía que mi mamá tenía amigas. Digo, amigas como las que tengo yo. Las tiene. Y ellas tienen un archivo de fotos de cuando mi mamá era más chica que yo y volvía locos a los chicos de mi edad. Me quiero quedar con esa postal, es mi mamá, pienso. Pero también es la amiga de la dueña de la foto. La dueña de la foto la guardó por 30 años. El amor tiene forma de fotografía. Me vuelvo a casa. La ruta hacia Agua de Oro está oscura. Entro al pueblo, a la calle empinada. Cuando llego a mi casa hay una chica esperándome en la puerta. Tiene el pelo rubio y una etiqueta de cigarrillos en la mano.</p>
<h2>Diciembre 5, 2007. Hoy.</h2>
<p>Estaba cansada pero le faltaban unas diez páginas para terminar de leer una novela que la hacía llorar. Se las leí. Cometas en el cielo, se llama la novela. Era la primera vez que le leía algo después de leerle la tarea, tal vez en quinto grado.<br />
En la novela, el protagonista espera en un hospital un diagnóstico sobre alguien a quien ama. Dice: “En este lugar se producen los reencuentros con Dios”. Mi mamá me pide que le repita la frase.<br />
Viene un pelado, la sube a una camilla y la sube al ascensor.<br />
La rodeamos. Sus cinco hijos.<br />
Le decimos que todo va a estar bien. Se va.<br />
Nos quedamos tan inmensamente solos.<br />
Tan<br />
Solos<br />
que nos damos la mano. Nos vamos a tomar un café.<br />
Tres a cuatro horas de operación, nos dice el médico. Hay riesgos, porque la intervención es cerca de órganos vitales.<br />
Mi mamá es un órgano vital, le dice mi hermano.<br />
Diciembre 5, 2007. ¡Hoy!<br />
Julito el cirujano bajó las escaleras y dijo:<br />
-Ya terminó la cirugía. Salió todo bien.<br />
Ahora hay que esperar, claro. Pero en principio salió<br />
todo bien.<br />
Madre apareció al rato, sobre una camilla, irreconocible salvo por su pelo. Otro color, partes hinchadas.<br />
-Emanuel -dijo.<br />
Para mí, todo el poder y toda la gloria.<br />
Habíamos rezado, los cinco juntos, por ella.<br />
-Emanuel. Qué lindo nombre te puse.</p>
<h2>Enero 5, 2007. Final feliz.</h2>
<p>Según la biopsia a mi mamá le extirparon 16 cm de intestino. Un chinchulín largo y negro, entumecido y lleno de margaritas.<br />
Según la biopsia no quedó nada de todo eso dentro del cuerpo de mi mamá, y eso es una buena noticia. No hay que hacer rayos, ni quimioterapia. Mi mamá creía que se iba a quedar pelada y ya tenía vistas algunas pelucas: la que más le gustaba era frondosa como el pelo de una Barbie. La llamé y le conté. Se puso contenta y su voz parecía un parque de diversiones. Se levantó de la cama y se fue a su jardín: las margaritas están donde tienen que estar. Fui a pasar navidad con ella y la encontré como era antes del cáncer: demandante, hincha pelotas, ciclotímica, alegre. Pura vitalidad. El apellido de mi mamá es muy italiano y ella es como dice la gente que son los italianos: gritones, alegres, puteadores, desordenados, pasionales. El apellido de mi mamá y de mis tíos es muy italiano, los domingos mi abuelo come tallarines o no come. Y no los corta, los enrolla, los moja en una salsa roja y pulposa. Hacen ruido cuando comen, los italianos. Yo también. De vez en cuando la pasan bien: miran alrededor y ven una familia, se emocionan con eso. Comen mucho, los italianos. Igual algo cambió en esos meses en los que convivimos con el miedo a que se muera: el miedo es una oportunidad que mi mamá aprovechó. Ahora está contenta, mira las margaritas que plantó, las margaritas con las que decoró el árbol de navidad y las margaritas con las que pintó sus manteles: son un poco obsesivos, los italianos. Yo heredé eso pero en la forma de una ignorancia afectiva calamitosa. Mi mamá lo sabe y siempre me pregunta si aprendí a dejar ir. Está leyendo libros de autoayuda que le enseñan a decirme cosas como “hay que dejar ir”. Yo hace mucho que no leo nada que no sea para el trabajo. Cuando tengo tiempo libre escucho a Jeff Buckley.<br />
Well your faith was strong but you needed proof You saw her bathing on the roof Her beauty and the moonlight overthrew you She tied you to her kitchen chair She broke your throne and she cut your hair And from your lips she drew the hallelujah.</p>
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		<title>Alice Munro</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Nov 2009 17:29:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay que leer a Alice Munro. Hay que buscar sus libros, pedírselos al librero, esperar que lleguen desde Barcelona o desde Buenos Aires. Incluso hay que aprender inglés sólo para poder leerla en su lengua original. Hay que dejarse llevar por el atolondrado fanatismo que puede despertar el descubrimiento de la maestría con la que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=850&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay que leer a Alice Munro. Hay que buscar sus libros, pedírselos al librero, esperar que lleguen desde Barcelona o desde Buenos Aires. Incluso hay que aprender inglés sólo para poder leerla en su lengua original. Hay que dejarse llevar por el atolondrado fanatismo que puede despertar el descubrimiento de la maestría con la que Alice Munro cuenta, en las pocas páginas de cualquiera de sus cuentos largos, el destino de una vida.</p>
<p>Munro vende muchísimos libros en Canadá, el país en el que nació en 1931. Durante la década de 1990 se convirtió en un secreto a voces en el resto de América del Norte, un rumor de exquisitos que comenzaban a considerarla la mejor escritora viva en lengua inglesa y que promovían su lectura con el entusiasmo de los descubridores. A la Argentina llegó por medio de libros importados, y en algunos casos gracias a las precisas traducciones de Marcelo Cohen (hay que leer a Alice Munro traducida por Cohen: <em>Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio</em> debería ser una materia en la escuela de traductores). Su recepción crítica se inauguró c<a href="http://www2.lavoz.com.ar/anexos/Informe/09/8219.pdf">on un artículo también entusiasta y seductor de Graciela Speranza</a>, directora junto a Cohen de la revista <a href="http://www.google.com.ar/url?sa=t&amp;source=web&amp;ct=res&amp;cd=1&amp;ved=0CAgQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.revistaotraparte.com%2F&amp;rct=j&amp;q=revista+Otra+parte&amp;ei=fwQIS9PCN4KmuAei0szkAg&amp;usg=AFQjCNGnmm8ST1IA8QsX53wDLyTvCJm8KQ&amp;sig2=X2qgFKFaMKOPMAItNgxNrw" target="_blank">Otra parte</a>. Una película de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sarah_Polley" target="_blank">Sarah Polley</a>, <a href="http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/3304162/Lejos-de-Ella-%28Ingl%C3%A9s-subtitulada%29.html">Lejos de ella</a>, basada sobre uno de sus cuentos, también hizo sonar su nombre por ahí. La <a href="http://www.delnuevoextremo.com" target="_blank">distribuidora nacional</a> del sello español RBA percibió el fenómeno y trajo <a href="http://www.google.com.ar/url?sa=t&amp;source=web&amp;ct=res&amp;cd=3&amp;ved=0CBAQFjAC&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.rbalibros.com%2Fel-amor-de-una-mujer-generosa_alice-munro_libro-OAFI305-es.html&amp;rct=j&amp;q=%22el+amor+de+una+mujer+generosa%22&amp;ei=fiIIS-6HCI-muAen9cTkAg&amp;usg=AFQjCNGVEz4GPxQ-Uzx1n_58Bu0ybNMurg&amp;sig2=M2yhsdjjOivLFIRdErdlbg" target="_blank">El amor de una mujer generosa</a>. Después llegó <a href="http://www.google.com.ar/url?sa=t&amp;source=web&amp;ct=res&amp;cd=1&amp;ved=0CAkQFjAA&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.literaturas.com%2Fv010%2Fsec0601%2Flibros%2Fresena-06.htm&amp;rct=j&amp;q=%22escapada%22+alice+munro&amp;ei=qCIIS-yTNY6nuAfS6YnkAg&amp;usg=AFQjCNHwe36_zlBqtYtmJaVNLtPIjnFneQ&amp;sig2=HbMlw3w2Rs5weTmN8GPvFg" target="_blank">Escapada</a>, y la esperada <a href="http://www.google.com.ar/url?sa=t&amp;source=web&amp;ct=res&amp;cd=3&amp;ved=0CBEQFjAC&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.unilibro.es%2Ffind_buy_es%2Flibro%2Frba_libros_s_a_%2Fodio_amistad_noviazgo_amor_matrimonio.asp%3Fsku%3D845918%26idaff%3D0&amp;rct=j&amp;q=odio+amistad+matrimonio+munro&amp;ei=yyIIS-evKoyruAfJ88jkAg&amp;usg=AFQjCNFsVC2L24C6V-cA3aX8b0QsqVvozg&amp;sig2=lMBqY41p8x-7hTbw9L_HoA" target="_blank">Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimoni</a>o. Hacia finales del año pasado llegó por fin <em>La vista desde Castle Rock</em>, el último libro escrito por Munro hasta el momento. En Córdoba, todos esos títulos eran difíciles de encontrar: había que encargarle al librero que los traiga, esperar que lleguen, esperar que el librero no se los venda a otra persona, y domesticar la indignación que provoca el precio europeo de las cosas. Todo eso valía la pena. Ahora el sello Del Nuevo Extremo distribuye con cierta regularidad esos pequeños tesoros.</p>
<p>Quedan varios títulos por traducir: <em>Dance of the Happy Shades</em> (1968), <em>Lives of Girls and Women</em> (1971), <em>Something I´ve Been Meaning to Tell You</em> (1974), <em>The Beggar Maid</em> (1978), y dos traducciones de las que en Argentina no se tiene noticia (parientes en España, ya saben qué traer cuando vengan), <em>Las lunas de Júpiter</em> (Versal, 1990),<em> Amistad de juventud</em> (Versal, 1991). Finalmente, Del Nuevo Extremo anuncia la distribución de <em>El progreso del amor,</em> publicado en inglés en 1984, para los primeros meses de 2010. Una de las mejores noticias acerca de leer a Munro es que queda aún mucho por descubrir.</p>
<p><strong>Ovacionada.<br />
</strong>¿Por qué hay que leer a Munro? ¿Por qué despierta esta mujer ese deseo de recomendación que parece un tanto desfasado de los tiempos de la crítica contemporánea? ¿Qué tienen sus libros, tal que cualquier aproximación crítica parece chocar con gusto contra el impulso de ovación? No es una escritora de vanguardia, sus historias ocurren casi todas en ambientes rurales canadienses, en períodos de tiempo que van desde finales del siglo 19 hasta mediados del 20. Ha escrito una sola novela, <em>Lives of Girls and Women,</em> que es más bien una colección de relatos ligeramente encadenados por la recurrencia de algunos personajes. No tiene, tampoco, ninguna predilección por lo escandaloso, por la ruptura formal o siquiera por la discusión política. Sus libros no tienen casi nada de lo que tienen los libros que más se venden en el mundo. Y sin embargo es imposible dejar de leerla, es imposible dejar de identificarse con sus personajes o resistir la profundidad con la que observa la vida interior de las personas. Es imposible, también, resultar ileso de su lectura. Algo toca Munro cuando escribe, algo que tiene que ver con nuestra comprensión del amor y de la familia, del destino, de las marcas de la vida, de las vueltas que puede dar una biografía para volver a encontrarse frente a lo que más la atemoriza o conmueve.</p>
<p><span id="more-850"></span></p>
<p>Sus historias son, ante todo, entretenidas: si bien Munro tiene una precisión descriptiva asombrosa, y logra momentos de reconstrucción histórica que parecen recrear al detalle un pasado remoto, esa tarea levemente historicista queda muy en segundo plano frente a la potencia de las anécdotas. Historias en las que el azar, la educación sentimental, los rumores de pueblo y las búsquedas personales terminar por unir o desunir a la gente, por poner a la gente frente al abismo de sus emociones.</p>
<p>Mujeres de pueblo. Algo enérgicamente femenino atraviesa su estilo: Munro ha contado varias veces que escribió gran parte de su obra en los intersticios de su tarea doméstica, mientras sus hijas dormían la siesta o mientras su esposo disfrutaba de la sobremesa. Una tensión constante entre la predestinación social y la voluntad personal parece haber nacido de esas rutinas, y al mismo tiempo una solución amorosa a esa tensión parece haber evitado la salida fácil de la rebeldía. Una conciencia trágica de la mujer en el mundo está detrás de las anécdotas que Munro toma, primero, de su infancia y de la historia de su madre –la principal fuente de material de la que se ha servido la escritora en sus primeros libros–, y luego de lo que oye en el pueblo, de lo que le cuentan las personas que la rodean. Sus cuentos tienen una relación clara con aquello que llamamos realidad, con la ventaja de que Munro sabe que aquello que llamamos realidad es oscuro y misterioso. Su principal arma para transmitir esa consternación frente a la densidad de lo que pasa es una adjetivación copiosa pero certera, y el uso reiterado y al mismo tiempo sutil de adverbios de modo, un ejercicio de suma precisión que parece nacer de un respeto sagrado por la imagen, por el modelo, pero también por el retrato emocional de la situación.</p>
<p>Alice prefiere el rumor, el chisme en su acepción más generosa, el temeroso murmullo del pueblo, antes que la plana seguridad de una noticia. Apela a esa cuestión un tanto mágica del cuchicheo y de la transmisión familiar del conocimiento. Vuelve a la infancia, y esa vuelta adquiere cada vez un espesor más dramático, una exploración de cimientos capaz de sacudir un edificio.</p>
<p>Sus cuentos son largos, uno debe disponer de por lo menos una hora o dos para leer uno completo: será la mejor hora del día, la hora en la que una experiencia íntima de la literatura podrá ofrecer, además del placer de una historia bien contada, un vistazo sobre las posibilidades de explorar la libertad (explorar todo lo que una mujer puede o no puede hacer en la sociedad, indagar en las fuerzas ancestrales que la convierten en un ser que debe combatir a la naturaleza y a la historia para ser libre, pero también todo lo que un hombre puede ser cuando se enfrenta a su propia libertad), sobre la condición amorosa, sobre las tensiones entre los paisajes de nuestra infancia y los de nuestra fatal adultez. No es un vistazo sencillo, aunque venga con la amabilidad de una prosa delicada: la distancia entre los sueños de la inocencia y las pesadillas de la experiencia puede ser tan hermosa como brutal, tan dulce como rabiosa.</p>
<p>Un deseo claro, continuo, de movernos en su elemento, de contagiarnos de su minuciosa preocupación por lo que está adentro de uno mismo y de los otros. Un entusiasmo burbujeante. Algo parecido a la felicidad. Por esas cosas hay que leer a Munro.</p>
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		<title>Joven</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 15:32:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Jueves 2 de julio de 2009 Julia está muerta. Me avisaron por teléfono mientras desayunaba. Sobre la mesa de la cocina aún descansa como si también se hubiera quedado petrificado el jugo de zanahorias y naranjas que ocupa tres cuartos del único vaso que sobrevivió de un juego de 12 que nos regalaron a los [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=846&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Jueves 2 de julio de 2009<br />
</strong><br />
Julia está muerta. Me avisaron por teléfono mientras desayunaba. Sobre la mesa de la cocina aún descansa como si también se hubiera quedado petrificado el jugo de zanahorias y naranjas que ocupa tres cuartos del único vaso que sobrevivió de un juego de 12 que nos regalaron a los dos hace 11 años. La sorpresa, el impacto, exagera el simbolismo de las cosas.</p>
<p>Al principio pensé que sería sólo eso: puro impacto. Mi ex esposa, muerta. Una integrante más de la sociedad, con el dato apenas estadístico de haber dormido conmigo durante más de dos mil noches. Me bañé, me vestí sin luto, en el espejo del ascensor me acomodé el cuello de la camisa y en el restaurante no dije nada. Ni siquiera saben que alguna vez estuve casado: pensé que darles la noticia de la muerte de Julia sería mucho más engorroso que doloroso. Hasta las tres y media fue un día normal. Los cuchillos, las tablas, las sartenes: la seguridad de los objetos conocidos.</p>
<p>A las cuatro tenía terapia, como todos los jueves. Cuando llegué a la salita de espera empecé a pensar en lo que le diría a Manuel y comencé a llorar. Fuera de control, mis ojos no dejaban de chorrear y sentí mi cuerpo disminuirse a su expresión más miserable, adoptar la pose fetal de los desprotegidos y desobedecer cualquier orden de decencia,  formalidad o urbanidad. Una mujer se vio obligada a acercarse, tocarme la espalda y demostrarme una solidaridad conmovedoramente inútil. Me cuesta aceptar que esté muerta, muerta como los muertos de la televisión o muerta como mi abuela materna, muerta muerta, a diez metros del césped de un cementerio parque en Puerto Madryn.</p>
<p>Manuel salió del consultorio, despidió a su paciente con una sonrisa e inmediatamente acomodó el rostro a una modalidad de consternación más adecuada a mi llanto. Me hizo pasar y antes de que cerrase la puerta pude la ver la cara de la mujer que me había tocado la espalda. Por unos instantes imaginé que me entendería, que sin necesidad de yo le hablase y le pagase para que me escuche, aquella mujer me entendería. Al fin y al cabo, pensé, esa mujer estaba también en la sala de espera. Algún otro psicólogo conocería la intimidad de su propio desastre. Ella se sentiría frágil y al mismo tiempo segura en el sillón de su terapeuta, más cerca del equilibrio entre locura y normalidad que hace falta para sobrevivir a la ciudad. Esa última imagen me dio bronca y me senté con rabia, haciendo ruido en el sillón. Hice una cuenta rápida: hace exactamente  49 jueves que vengo a terapia con Manuel.</p>
<p>-Julia está muerta.</p>
<p>-¿Quién es Julia?<br />
<strong>Jueves 2 de julio de 1992<br />
</strong><br />
Tenía que esperar por los lentos. ¿De qué otra manera podría acercarme lo suficiente? Sabíamos que nos íbamos a encontrar en los quince de Celeste, sabíamos que nos habíamos mirado más de lo común, sabíamos todo eso, pero no sabíamos cómo acercarnos lo suficiente. Yo tomaba un trago primavera sin alcohol que había aprendido a pedir después de leer una entrevista a Fito Páez en la 13/20: en esa misma revista había aprendido trucos inservibles para ocultar los granitos y que era mejor usar remera debajo de la camisa, preferiblemente estampada. Me puse la de los Guns, la camisa desprendida, y un falso Guess azul que me apretaba las bolas. Me sentía algo inseguro con la indumentaria, como si alguien pudiera acercarse a denunciar la ilegitimidad de mis pantalones. En mis fantasías de vergüenza, era la misma Claudia Schiffer quien venía con su cuerpo semidesnudo a crucificarme por usar unos falsos Guess. ¿Se habrá dado cuenta Julia de que yo pensaba, con mi primavera en la mano derecha, en Claudia? Lo cierto es que los lentos no llegaban, y el resto de la gente parecía no necesitarlos. Nosotros ya habíamos hablado de Vilma Palma, de lo raro que era salir un jueves, de que por fin estábamos de vacaciones –aunque ninguno de los dos las necesitara realmente-. Rodrigo se acercó a nosotros y con un descaro que envidié profunda y odiosamente invitó a bailar a Julia. Disimulé bebiendo lo que quedaba del primavera. Julia me miró antes de aceptar, y lo interpreté como un pedido de disculpas. Se incorporó y caminaron hacia la pista. De repente tuve la sensación de que todos me miraban y se reían de mí. Bailaron Mano Negra, Violadores, Soda Stereo. Julia se sabía la letra de Cuando pase el temblor y disfrutaba de cantarla casi a los gritos. Cuando saltaba, sus pechos parecían a punto de escaparse del vestido y Rodrigo no podía evitar mirarla. Yo me quedé sentado, un mozo me trajo empanadas y sidra sin alcohol. Maldije a los padres de Celeste y me pregunté si los de tercero A habrían podido ingresar al salón el cajón de cerveza que pretendían tomar. Los busqué, pero cuando los encontré bajaron las luces y comenzó a sonar un lento de Roxette. Me di vuelta, aterrorizado, y busqué a Julia.</p>
<p>Volví a sonreír cuando la vi sentada, sola. Se había cansado de bailar, me dijo.</p>
<p>Pero esto se baila sin saltar tanto… no cansa, le dije.</p>
<p>Cuando me acerqué, sentí más fuerte la presión de los falsos Guess y le rogué a Claudia Schiffer que no explotaran, me arrimé al oído de Julia, a la mejilla de Julia, respiré el aire que ella espiraba, sentí el perfume del Impulse violeta mezclado con el Beldent y la besé.<br />
Jueves 2 de julio de 1998</p>
<p>Me pareció un gesto adorable de su parte: el día que rendí la última materia, Julia me preparó una cena. Obviamente, ella nunca había cocinado para mí. Nuestra convivencia tiene pocas reglas y una de ellas es que yo cocino siempre. Si no traigo a casa lo que cocino en la escuela, preparo alguno de los platos que me hayan enseñado y montamos cada día una mínima farsa como de restaurante propio, una especie de fantasía que deriva luego en que la clienta se olvida de la billetera o se queda sin fondos en la tarjeta de crédito y entonces propone pagar la cena con sexo oral, sexo anal, sexo sobre la mesa.</p>
<p>Durante algún tiempo esa práctica nos excitaba tanto que yo cocinaba ya con una erección indisimulable, y muchas veces en la escuela el olor de la cebolla rehogada me había puesto en una incómoda situación. A Julia también le gustaba que yo le contara sobre esas erecciones y sobre mis esfuerzos por ocultarlas, se reía y al mismo tiempo comenzaba a tocarme y a desvestirse.</p>
<p>Preparó la cena semidesnuda, contra mis consejos sanitarios y de seguridad: el delantal le tapaba el pubis pero le dejaba al descubierto la cola y las tetas. Yo la observaba desde el living, y le pedía algunas poses imprudentes. O me acercaba para guiarla, pero ella me rechazaba y decía que tenía que cocinar sola, sin ayuda. No hay mayor felicidad en el destino de un hombre que descubrir su misión, y la cola de Julia, los pechos de Julia, la cintura de Julia, eran mi misión: veía esas partes del cuerpo con el permiso del delantal y me sentía alcanzado en mi corazón por una emoción indescifrable, cariñosa, pero también violenta y misteriosa. Julia cocinó durante dos horas un pollo que terminó demasiado seco, y sin embargo yo tenía la seguridad de no haber probado en mi vida mejor bocado. No había vértigo en la noche: un concubinato alegre nos había privado de esas sensaciones riesgosas, y sin embargo una impresión algo peligrosa me embargaba, exagerada, sí, pero al mismo tiempo de una exageración que podía resultar insuficiente. Cenamos, cogimos, volvimos a comer y volvimos a coger. Nos acostamos tarde.</p>
<p>Julia duerme desnuda, la calefacción del departamento está al máximo y las ventanas empañadas. Sobre uno de los vidrios Julia escribió que me ama y que bailar conmigo nunca cansa. Debajo de esa ventana están, sin abrir, algunos regalos de nuestro casamiento.</p>
<p><strong>Jueves 3 de julio de 2002<br />
</strong><br />
Ayer fuimos al salón en el que nos besamos. Ahora es un supermercado. Calculamos a grandes rasgos algunas distancias y decidimos repetir el beso frente a la góndola de las cremas. Nos reímos de algunos cambios en mi cuerpo: debo pesar 14 o 15 kilos más que hace 10 años. El cuerpo de Julia, en cambio, está más imponente pero igual de delgado, como si se hubiera afianzado o consolidado, como si las mismas curvas que tenía a los 15 años ahora fueran más definidas. Me siento un hombre afortunado cuando la abrazo y percibo la dureza de sus músculos, la forma de su espalda. Es un espectáculo algo ridículo, pero nuestro beso se alarga. Julia tararea Listen to your heart, la canción de Roxette, aunque yo creo que la que sonaba aquella noche del cumpleaños de Celeste era Spending my time. Así que tarareamos dos canciones diferentes y volvemos a besarnos, bailamos mínimamente.</p>
<p>Después cenamos. Martín nos invitó a su restaurante cuando se enteró del aniversario. También nos obsequió un Rutini que yo había estado buscando para mi propio restaurante. Cuando brindamos, Julia comenzó a llorar.</p>
<p>En secreto había cultivado el plan y en secreto se había cansado de nuestra vida de costumbres. Demasiado común, repetía. Los sorrentinos de mi plato quedaron intactos, aunque pude oler la salsa de tinta de calamar y reconocer mi receta. Me prometí agradecerle a Martín su homenaje antes de salir de esa situación infernal, pero en unos minutos la conversación de Julia me depositó en otro lugar.</p>
<p>Se quiere ir al sur. A Puerto Madryn o algo así. Siente que tiene lo que siempre creyó querer, pero no le alcanza. O no es eso, no se trata de que alcance. Se trata de que no se siente viva. Mis reacciones son comunes, ordinarias, y la decepcionan aún más: le pregunto si ya no me quiere, si está viendo a otro hombre. Me dice que está aburrida, que es siempre igual, que su trabajo es rutinario y yo soy rutinario, que mientras atiendo el restaurante ella tiene una vida propia, claro, pero que esa vida no le interesa. Le pregunto si no es feliz. Me dice que no se trata de la felicidad, o por lo menos no de esta felicidad tan… tan… Tartamudea. Busca la palabra, tal vez intente crear un vocablo nuevo, bebe un trago de vino, Tan encajonada.</p>
<p>-¿Encajonada?</p>
<p>-Sí. Acomodada en cajones.</p>
<p>Pienso en la Venus con cajones y veo a Julia atravesada de cajones. Pienso en nuestro dormitorio, en el cajón de mis medias, en el cajón de su ropa interior. Las imágenes me impiden entender lo que Julia está diciendo. Por momentos su llanto es tan copioso que cae sobre el plato.</p>
<p>-¿Cajones?</p>
<p>-Sí. Cajones. Vas a trabajar, volvés, cogemos, dormís, te comprás un auto, me comprás otro a mí, nos vamos de vacaciones a Brasil. Cajones.</p>
<p>No puedo entender qué quiere, y entonces insisto en la tesis del otro hombre.</p>
<p>-No quiero esto, Emanuel.</p>
<p>Mi nombre suena como una explosión o un disparo. Un acento solemne en el final de una tragedia. Hay algo de júbilo en la desesperación de las palabas de Julia. Algo del orden del desahogo. Algo que me atraviesa el estómago. El vino es cálido y delicioso, áspero, corpulento, pero no puedo disfrutarlo.</p>
<p>-Decime la verdad. ¿Estás con otro hombre?</p>
<p><strong>Jueves 2 de julio de 2009<br />
</strong><br />
Manuel me escucha pero a veces lee mensajes de texto que le llegan al celular. Yo no puedo parar de hablar. Es la primera vez desde el año 2002 que hablo de Julia. Cuando se fue no di explicaciones a nadie, me concentré en la cocina, en el restaurante, y llegué a mudar algunas cosas como para dormir en el local. Agregué nuevos platos al menú, me acosté con tres de las cuatro mozas, y creí enamorarme de la cuarta. Cuando no venía gente al restaurante, alguna de ellas daba el primer paso hacia la cama que yo había instalado detrás de la cocina y cogíamos sin demasiada gracia pero con ímpetu. Algunas noches, incluso, fuimos más de dos en la cama. Una de las mozas renunció y la reemplacé con un hombre, en un gesto de torpeza elemental pero con el objetivo de tranquilizar la pija.</p>
<p>Un año después comencé a leer, y otro año más tarde, a escribir. Con el tiempo, el personal del restaurante se renovó por completo y ninguna persona de las que tenían un trato diario conmigo sabía nada de Julia. Martín se fue a vivir a Alemania, conoció a una cocinera de nombre Sophie y se casó. Me escribía emails y me contaba que era un hombre feliz. A los pocos meses quisieron tener hijos, pero descubrieron que Martín era estéril. A Martín se le ocurrió entonces un plan descabellado: tenía un vecino físicamente muy parecido a él, que tenía tres hijos hermosos. Le pagaría a su vecino para que embarace a su mujer. Yo no respondía sus emails. O le respondía sin responder: Ok, suerte. Besos. Saludos a la alemana. Cosas así. El vecino aceptó el dinero, convenció a su propia mujer y comenzó a acostarse con Sophie. Martín me escribió contándome que estaba sorprendido de poder aceptar y promover semejante situación. Él decía que se había europeizado. El vecino y Sophie se acostaron 49 veces, sin suerte. Martín entonces le exigió que se hiciera un test de fertilidad o que le devolviera su dinero. Al vecino también se le estaban complicando las cosas en su casa, así que decidió hacerse el test, demostrar su capacidad de reproducción, echarle la culpa a Sophie, quedarse con el dinero y terminar con todo el trámite. Pero el test le dio negativo. El vecino le devolvió el dinero a Martín, echó a su esposa y a los hijos de quién sabe quién de la casa, conectó una manguera al caño de escape de su Volvo, metió el otro extremo de la manguera en la cabina y se sentó frente al volante, con el auto en marcha. Todo el asunto me pareció un gran tema de novela, así que lo escribí y publiqué el libro en una editorial pequeña. Pagué la edición, claro, y la distribución en todo el país. Me aseguré de que el libro llegara al sur.</p>
<p>Volví a saber de Julia cuando me escribió un email. Había leído mi novela y estaba indignada porque yo le había puesto de nombre Julia a la esposa del vecino. En ese mismo email me enteré de que vivía en Puerto Madryn y que buscaba nuevas maneras de vivir el amor, o algo así. Me pareció despreciable, me indigné, y  le quité crédito a todas sus palabras, que además me parecían mal escritas. Julia decía algo sobre las maneras acostumbradas, sobre las maneras comunes, sobre lo conocido. Se había alegrado al ver mi novela en una librería, pero se había decepcionado al leerla. Me recomendaba pensar, mirarme hacia adentro, tal vez hacer terapia. Me pasaba el teléfono de un terapeuta que ella había conocido en Puerto Madryn y que ahora vivía en Córdoba. Él podría aconsejarme a alguien. “Obviamente no espero que vayas con Manuel”, me decía Julia en su email.  No quería que yo lo tome a mal, pero Manuel podría ayudarme, indicarme la persona adecuada para hacer una buena terapia. Ella y Manuel habían vivido juntos dos años. ¿Le había enseñado él que sí, que era posible vivir de otra manera? Se habían separado en 2005.</p>
<p>Manuel me escuchaba con un gesto de incredulidad y asombro y odio. Sos un hijo de puta, dijo. Se tomó la cabeza, ocultó su rostro.</p>
<p>-¿Julia está muerta?</p>
<p>-Muerta muerta. A diez metros bajo tierra en un cementerio parque de Puerto Madryn. Me avisó su hermana, por teléfono, hoy a la mañana. Cáncer.</p>
<p>Nos quedamos en silencio. Durante tres años habíamos hablado tanto. Pero nunca de Julia. Y ahora Julia era una muerta, un fantasma, un cuerpo pudriéndose en la tierra. No sabíamos nada más, si había muerto sola, si había vuelto a ser feliz, si había encontrado algo en Puerto Madryn. Nada. Le pregunté a Manuel por qué la había dejado, pero me respondió que Julia había tomado la decisión.</p>
<p>“Se había cansado de bailar conmigo”, me dijo.</p>
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		<title>Manos de mujer tocándome</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 14:28:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre la novela &#8220;No es amor&#8221;, de Patricia Kolesnicov (Suma de Letras, Buenos Aires, 2009, 248 páginas. Precio: $ 45) Si hacemos algo porque queremos hacerlo, nos sentimos bien. Si hacemos algo porque no podemos evitar hacerlo, nos sentimos vivos. Intensa, contradictoria y hermosamente vivos. Me acuesto con vos porque no puedo evitarlo: tomá nota, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=843&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Sobre la novela &#8220;No es amor&#8221;, de Patricia Kolesnicov (Suma de Letras, Buenos Aires, 2009, 248 páginas. Precio: $ 45)</em><br />
Si hacemos algo porque queremos hacerlo, nos sentimos bien. Si hacemos algo porque no podemos evitar hacerlo, nos sentimos vivos. Intensa, contradictoria y hermosamente vivos. Me acuesto con vos porque no puedo evitarlo: tomá nota, porque esa es la medida de mi amor.</p>
<p>En su primera novela, Patricia Kolesnicov resume la intensidad de esa clase de emociones en las idas y vueltas de una relación entre dos chicas durante la segunda mitad de los ’80. Buenos Aires es una ciudad confundida y furiosa, la música que mejor la describe es un rock que se convertirá en mito y los personajes de No es amor se mueven de acuerdo a una mecánica entusiasmada, poseída.</p>
<p>La primera parte del libro es un elogio del desencuentro, está construida sobre la tensión erótica de esa manera de desencuentro que sólo puede ser el prólogo a un gran, jubiloso encuentro.</p>
<p>La autora elige una forma de narración poco frecuente, una primera persona que se divide en dos voces. Las dos protagonistas cuentan cada una su parte de una historia que se arma de confesiones, concesiones, conjeturas y otras encantadoras maneras de mostrar y ocultar, de dar y quitar.</p>
<p>La escritura de Kolesnicov adopta por momentos la apariencia de cierto coloquialismo, pero revela más tarde su naturaleza poética, su ritmo a veces acelerado, a veces demorado. El ritmo de una metrópoli que abre los ojos a la silenciosa tormenta que convirtió a la Argentina de los ’80 en la Argentina de los ’90. Florencia es militante radical y tiene el cuerpo cruzado de cicatrices. María es hija de la clase acomodada y tiene una fe ciega en la ciencia. Europa ya no es la tierra del exilio pero tampoco es la tierra prometida que será en la década de 1990. Buenos Aires arde y se transforma.</p>
<p>Florencia y María buscan, están en actitud de búsqueda, y la escritora tiene la compasión de no explicitar esa búsqueda, quizá por que no es necesario (al fin y al cabo lo que buscamos es amor), quizá porque tampoco ellas, ni la ciudad que las contiene, saben qué están buscando. &#8220;¿Y si es una mujer?&#8221;, se pregunta María. &#8220;Besos de mujer. Manos de mujer tocándome&#8221;.</p>
<p>Hacia la mitad de la novela las mujeres en cuestión recrean a su manera el capítulo siete de Rayuela, de Julio Cortázar, y la frase &#8220;toco el borde de tu boca&#8221; (que aparece como &#8220;toco el borde de su boca&#8221;) parece renovar su potencia lírica con el aire ligeramente transgresor de un encuentro lésbico. A partir de allí, el desafío de la autora es manejar la psicología de sus criaturas, describir con la mayor precisión posible todo lo que cambia una amistad después de un orgasmo.</p>
<p>En ese terreno, Kolesnicov brilla: de una manera prolija logra mantener el equilibrio entre los lugares comunes inevitables de un conflicto amoroso y las novedades que hacen interesante un conflicto amoroso. Posesión, inseguridad afectiva, la insoportable presión por seguir los pasos prefijados por eso que llamamos el sistema o la sociedad, o lo que sea que nos haga ver si no la felicidad al menos la tranquilidad en la estructura tradicional de la familia burguesa, todo eso entra en juego para volver a elogiar el desencuentro.</p>
<p>La novela está escrita en pequeños capítulos, irrupciones de dos voces que parecen encontrar en la palabra alguna certeza. No sabemos a quién le hablan María y Florencia, y no hace falta saberlo. Acaso sólo hablen consigo mismas, o con Luisa Lane, una mujer imaginaria que las escucha y las interpela.</p>
<p>No es amor es, claramente, una novela de amor, una historia sobre todo lo que decimos cuando hablamos de él y todo lo que amamos cuando nos imponemos no hablar de él. &#8220;No hablemos de amor&#8221;, le dice una a la otra. &#8220;No&#8221;, responde la segunda. &#8220;Esto no es amor&#8221;, insiste la primera. &#8220;No&#8221;, asiente la segunda. &#8220;No es amor&#8221;. &#8220;No, no&#8221;.</p>
<p>Ese estilo acumulativo es el riesgo que toma Kolesnicov para hablar de lo contrario a una acumulación, para hablar de un vacío y un abismo, para hablar de esas cosas sobre las que, a veces, es mejor no hablar.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/aguadeoro.wordpress.com/843/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/aguadeoro.wordpress.com/843/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/aguadeoro.wordpress.com/843/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/aguadeoro.wordpress.com/843/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/aguadeoro.wordpress.com/843/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/aguadeoro.wordpress.com/843/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/aguadeoro.wordpress.com/843/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/aguadeoro.wordpress.com/843/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/aguadeoro.wordpress.com/843/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/aguadeoro.wordpress.com/843/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/aguadeoro.wordpress.com/843/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/aguadeoro.wordpress.com/843/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/aguadeoro.wordpress.com/843/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/aguadeoro.wordpress.com/843/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=843&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Belleza y pesadilla</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 14:26:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre &#8220;Coraline&#8221;, de Neil Gaiman (Editorial Salamandra, Barcelona, 2009, 155 páginas. Precio: $ 39). Al pasar por una extraña puerta una niña llega a una casa similar a la suya, con una versión ligeramente modificada de sus propios padres, llamativamente más atentos que los reales, mejores cocineros, y con botones en lugar de ojos. Y [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=841&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Sobre &#8220;Coraline&#8221;, de Neil Gaiman (Editorial Salamandra, Barcelona, 2009, 155 páginas. Precio: $ 39).</em><br />
Al pasar por una extraña puerta una niña llega a una casa similar a la suya, con una versión ligeramente modificada de sus propios padres, llamativamente más atentos que los reales, mejores cocineros, y con botones en lugar de ojos. Y con un deseo oscurísimo: robar el alma de Coraline.</p>
<p>Es probable que hayas visto la película y es probable que, como muchos adultos, te hayas quedado perplejo ante la espiral de terror que el filme propone a su audiencia infantil. Bueno, con el libro esa sensación puede aumentar, intensificarse y transformarse en una pequeña pasión. Y todo eso sin las concesiones que suelen pedir los libros para chicos, y ni siquiera –lo que termina de convertir a Coraline en una maravilla– las concesiones que suelen pedir los libros de terror.</p>
<p>El libro de Neil Gaiman acaba de ser publicado en la Argentina –aunque la versión original en inglés es de 2002 y la traducción española tiene ya más de seis años– por el sello Salamandra. El autor es una celebridad pop en el mundo anglófono, una especie de Rey Midas que transforma en oro todo lo que toca: el cómic Sandman, la novela (llevada al cine) Stardust, y ahora esta auténtica joya que demuestra que escribir para niños no requiere ni condescendencia ni ese tono ligeramente estúpido que suelen adoptar los libros para chicos con la excusa de que deben ser entendidos.</p>
<p>Gaiman parece haberse despojado de cualquier limitación y haber escrito bajo el impulso de una libertad alucinante y alucinógena, y logra crear un mundo de fantasía lo suficientemente inquietante como para que tengamos la sensación de que la monstruosidad que describe no puede no ser real.</p>
<p>Hombres grises. Cuenta la leyenda que el personaje y el libro se iban a llamar originalmente &#8220;Caroline&#8221;, pero un error de tipeo del autor cambió los planes. Coraline se empecina en corregir a sus amigos (los vecinos del edificio) cuando la llaman Caroline, y esa situación se vuelve especialmente tensa. Los personajes que la rodean en uno y otro mundo son grises, desesperadamente grises, y en una primera instancia la niña duda en cuál de esos universos querría vivir, pero –y aquí Coraline se vuelve una perversión encantadora de Alicia en el país de las maravillas– la duda no reside en cuál de los mundos es mejor, sino cuál de ellos es menos peor.</p>
<p>Del otro lado de la puerta las comidas son más sabrosas y el amor se expresa de acuerdo a cánones tradicionales: ¿cómo podría Coraline dudar de que la bruja que hace el papel de madre paralela la quiere? Hacia la mitad de la novela llega una verdadera genialidad: &#8220;Era cierto, la otra madre la quería. Pero la quería igual que un avaro ama su dinero o un dragón su tesoro. En los ojos de botones de la otra madre sólo había afán de posesión, y Coraline sabía que la veía como un cachorrito consentido que pronto deja de tener gracia&#8221;.</p>
<p>Si te parece que Gaiman te disfrazó de aventura infantil un viaje dark por tus propias miserias, va a ser difícil encontrar un dato que te contradiga. La otra madre hace un esfuerzo sobrenatural por seducir a Coraline y lograr que la niña se quede a vivir en su mundo. Una de sus criaturas le promete a la niña: &#8220;Si te quedas, tendrás todo lo que desees&#8221;.</p>
<p>Coraline suspira y te da una lección: &#8220;Realmente no lo entiendes, ¿verdad? No quiero tener todo lo que deseo. nadie lo quiere, no de verdad. ¿Dónde estaría la gracia si tuviese todo lo que quiero? Es eso y nada más, ¿y después qué?&#8221;.</p>
<p>Sin clichés. A pesar de ser una obra maestra de dos géneros construidos sobre la base de insistente clichés (la literatura para chicos, por un lado, y la literatura de terror, por el otro), Coraline esquiva una y otra vez los lugares conocidos y no cede a la presión de lo común ni siquiera en el final. Con el espejo omnipresente de la Alicia de Lewis Carroll, pero con la audacia de llevar las cosas a un territorio espeluznante y retorcido, Gaiman construye una pesadilla hermosa, un sueño un tanto angustiante pero también tan asombroso que no queremos que termine.</p>
<p>Entre persecuciones tenebrosas, personajes que adoptan formas monstruosas y una terrible aventura de liberación, Coraline se da lujo de ser un libro perfecto, una de esas maravillas que uno puede no puede dejar de leer.</p>
<p>Y tiene una cualidad especial: no importa a qué hora empieces a leer este libro. Cuando termines, siempre será de noche.</p>
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		<title>Soga al Cuello</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 14:24:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Emanuel Rodríguez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[El día que nos demos cuenta de que convivimos con un ser mágico, quizá esta ciudad se vuelva más amable. Alguno de los inútiles ministerios del Estado debería servir alguna vez para que sea ley caminar esporádicamente por Córdoba junto a Jorge Cuello, un hombre que parece adelantarse a cada paso para dibujar la ciudad [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=aguadeoro.wordpress.com&amp;blog=8462222&amp;post=839&amp;subd=aguadeoro&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El día que nos demos cuenta de que convivimos con un ser mágico, quizá esta ciudad se vuelva más amable. Alguno de los inútiles ministerios del Estado debería servir alguna vez para que sea ley caminar esporádicamente por Córdoba junto a Jorge Cuello, un hombre que parece adelantarse a cada paso para dibujar la ciudad que su acompañante pisa. No siempre es un paseo saludable: las necesidades —la necesidad de magia, en este caso— no tienen que ver con la salud. Pero, sí, siempre es un paseo interesante. Jorge tiene el aspecto, los gestos desmedidos, el pelo y el perfume de un loco. Una vez lo vi salir de una fiesta, yo estaba en la vereda, descansando del baile, junto a otros amigos. Cuello irrumpió desde la puerta, con una botella de champán bajo la axila y el paso destartalado pero firme de un elefante sumamente delgado. Los que estábamos fuera comentábamos que la fiesta estaba muy bien. Cuello interrumpió y dijo: &#8220;Y como si todo esto fuera poco&#8230; ¡me voy!&#8221;. Y dobló como doblan los androides, 90 grados en un solo movimiento, nos dio la espalda y se alejó caminando. Nosotros sabíamos que Jorge no tenía un peso, y que vivía a más de 60 kilómetros de la fiesta, en Villa Las Rosas, pero también sabíamos que de alguna manera iba a llegar a su casa.</p>
<p>Lo conocí hace 10 años, mientras pintaba un cuadro enorme que era su versión personal del Kama Sutra y que se llamaba Con paciencia y con saliva. En aquella época, en sus pinturas y en su cabeza siempre estaban pasando muchas cosas al mismo tiempo, y en la mitad de esas cosas la gente no tenía ropa. Una parte de ese Cuello un tanto desaforado y excesivo abrirá una muestra el miércoles, en la biblioteca de la Universidad Católica de Córdoba (Trejo 323, a las 19). La muestra se llama &#8220;Mandala, Cuello, mandala&#8221; y consiste en una serie de dibujos circulares o mandalas que se llaman Mandala a la concha de su madre, Mandala bien lejos, Mandala a la peluquería, Mandala a freír buñuelos. Y así. Cuando lo llamé para preguntarle sobre la naturaleza de esta serie de pinturas lo primero que me dijo fue: &#8220;Me separé&#8221;. Después me contó que el mismo día en que se separó de la madre de sus hijos más pequeños, había muerto su propia madre. &#8220;No fue un buen día&#8221;, me comentó.</p>
<p>El arte del mandala consiste en buscar la meditación y la concentración a través de un soporte gráfico, una representación geométrica de las relaciones entre micro y macrocosmos. En el brahmanismo y en el budismo, los mandalas permiten a quien los utiliza reintegrarse en el universo y en la unidad de conciencia absoluta. A Jorge le sirvieron para salir adelante, y salió según su estilo, con el paso destartalado pero firme de un elefante sumamente delgado. Salió a pintar de nuevo la ciudad por la que habremos de caminar sin saber que convivimos con un ser mágico que, como si todo esto fuera poco, volvió.</p>
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